De Ibn Khaldun a Belloc, una reflexión sobre cómo pequeñas minorías extremistas pueden alterar la percepción histórica de una civilización entera.
En 1377, el sociólogo e historiador Ibn Kaldhun (1332-1406) escribió Al-Muqaddimah (Introducción a la Historia Universal).
El libro abarca una extensa cantidad de temas, entre entre ellos, el de la guerra.
El Capítulo XXXVII Libro 3° se refiere a la guerra «como la cosa más natural al hombre».
Para ese entonces Sto. Tomás ya había escrito sus obras y definido con precisión el concepto de guerra justa, aunque el filósofo tunecino no tuvo acceso a ellas.
La guerra, dice Khaldun, puede tener diversos motivos.
«El deseo de venganza motivado por la rivalidad de intereses y la envidia,
o bien el espíritu de agresión,
o bien la cólera que induce a castigar a los enemigos de Dios y su religión,
o bien todavía, aquella que se experimenta cuando se trata de defender al reino».
A las dos primeras la califica como «inicuas y perversas».
En cambio, las dos últimas son «justas y santas».
Es decir, que si se trata de combatir a los enemigos de Alá y al islam la guerra está santificada.
Ibn Khaldun había sido nombrado profesor de derecho musulmán en El Cairo, y en su Autobiografía recuerda lo que expresara en su discurso de asunción.
En esa ocasión dijo, de acuerdo con la traducción española de la Universidad de Alicante (2015) que, «…había sido juzgado digno de ocupar la cátedra de enseñanza en esta noble institución, obra del sultán Saladino, que fue el rey del castigo y de la guerra santa, aniquiló de este país [Egipto] la creencia en la Trinidad y el hipócrita «ar-rafd» [doctrina rafidí], purificó la santa Jerusalén, donde las campanas y las cruces se habían hecho familiares, como una mancha de incredulidad».
La comprensión de la frase se dificulta, porque yuxtapone dos doctrinas distintas. Por un lado condena al catolicismo y por otro al chiísmo.
Esto es, al enemigo externo y al interno.
Por supuesto que el polifacético pensador musulmán cuando se refería a la guerra justa y elogiaba la labor de Saladino, no innovaba.
Sus conceptos los extraía de El Corán.
Valgan un par de ejemplos:
Sura 9.38-52
«¡Id a la guerra, tanto si os es fácil como si os es difícil!
¡Luchad por Dios con vuestra hacienda y vuestras personas! ».
Sura 61:10-13
«…combatid por Dios con vuestra hacienda y vuestras personas […] Así, os perdonará vuestros pecados y os introducirá en jardines por cuyos bajos fluyen arroyos y en viviendas agradables en los jardines del Edén. ¡Ese es el éxito grandioso!».
Aunque su lectura no debe descontextualizarse del momento histórico en que escribía Khaldun, y menos todavía, de todo El Corán.
La Yihad
En su tesis para aspirar al doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, dice Imad Absaoui:
«Para cualquier musulmán, la yihad forma una parte esencial de su creencia, sin embargo, la interpretación de este concepto se diferencia entre musulmanes ya que en él influyen [diversas] escuelas del islam».
La manipulación de este término representa uno de los elementos centrales de los que parten las ideologías de los grupos radicales
Se establecen cuatro categorías de yihad.
La primera es la yihad del corazón, o yihad mayor.
Aquí el combate es espiritual. Se trata de la lucha interior para erradicar el mal.
La segunda y la tercera son las de la mente y la de la palabra. Refieren a la defensa del buen comportamiento en los demás y del sano consejo a quienes han perdido el rumbo en sus vidas.
La cuarta es la yihad de la espada.
Otras versiones establecen:
Yihad del corazón.
Yihad de la lengua: opinar o legislar con justicia.
Yihad de la mano: la adopción de medidas correctivas para evitar que creyentes actúen contra las normas del islam.
Yihad del dinero: contribuir económicamente con la Umma (comunidad global de los musulmanes).
Yihad de la predicación: acción pacífica para expandir el islam fuera de fronteras o fortalecer el interior.
Yihad de la espada. Y este es el sustento de la interpretación ideológica del terrorismo internacional.
No obstante; la mayoría de los autores considera que los sectores extremistas son minoritarios y que la yihad es interpretada en la amplia proporción de los islámicos en su sentido espiritual.
El Número Determinante
En uno de sus textos, el historiador inglés Hilaire Belloc, acuña el concepto de «número determinante».
Aspecto que considera «esencial para la comprensión de cualquier movimiento social o político».
Y dice: «En caso de acontecimientos raros, un número muy pequeño basta para obtener un efecto predominante».
Por raros, entiende anormales.
Belloc insiste en el tema y lo ejemplifica.
Pone el caso de una isla donde cada diez años haya un terremoto.
Si sumáramos el tiempo que han durado los terremotos en un siglo, tal vez no insumiera más de una hora, pero el lugar sería considerado maldito.
Y sin negar que la mayoría de los musulmanes sea pacífica, ¿podría este «número determinante» de facciones extremistas influir en la percepción del Islam?
Guerra justa e historia religiosa.
Yihad espiritual y yihad violenta.
Minorías extremistas y percepción pública.
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