19th century European soldiers in winter campaign illustrating the evolution of just war doctrine

La guerra justa y el fin de la inocencia bélica

De Santo Tomás a Clausewitz, la idea de guerra justa se transforma en una doctrina donde la necesidad política desplaza a la moral.

En la nota anterior nos referíamos al concepto de guerra justa insinuado por San Agustín y convertido en doctrina por Santo Tomás, cuyo enunciado supone una autoridad competente que declare la guerra, que los atacados lo merezcan por alguna culpa y una intención recta, esto es, que el motivo sea promover el bien o evitar el mal.
El que ostenta ese requerimiento inicial de autoridad es el príncipe.
Un señor feudal en querella con otro no debe atacarlo, sino someter el motivo de su disputa a una autoridad superior.
El mundo medieval era una unidad teológica cuya cabeza era el Papa.
Una vez fragmentada esa unidad como consecuencia de la Reforma, el Papa deja de ser el árbitro supremo.
Diversas regiones no reconocen su autoridad y, por tanto, no todos aceptan esa doctrina sobre la guerra.
Lo que quiso evitar Santo Tomás quedó diluido.
Ahora se enfrentarían cristianos contra cristianos.
En 1532, Maquiavelo publica su obra más conocida.
En El Príncipe separa la moral de la acción del gobierno.
Su príncipe no se maneja en términos de bien o mal, sino de conveniencia.
Pero eso no era más que la observación de la realidad de su época.
Cuando recomienda al príncipe que no abuse de las mujeres de sus súbditos ni se apropie de sus bienes, es porque “los hombres olvidan antes la muerte del padre que la pérdida del patrimonio”.
Más adelante insiste con el concepto porque esa conducta evita que el gobernante se vuelva odioso.
“La mayoría de los hombres, mientras no se ven privados de sus bienes y de su honor, viven contentos”.
Esa conducta, dice, evitará conspiraciones.
Porque no ser odiado por su pueblo es uno de los remedios más eficaces.
Y si bien el consejo está dado desde el punto de vista del príncipe, no deja de ser bueno para los súbditos.
Con respecto a la guerra justa, dice Maquiavelo citando al historiador Tito Livio, quien a su vez citaba a Cayo Poncio: “Justa es la guerra cuando es necesaria, y piadosas las armas cuando no hay esperanzas sin ellas”.
Se entiende que el sentido es que hay que apelar a otros recursos antes de que aparezca la necesidad que la justifique.
Pero definir cuándo en verdad es justo y necesario hacer la guerra queda a criterio de los líderes políticos.
Clausewitz toma la idea de la guerra como continuación de la política prefigurada por Maquiavelo.
Pero eso no la santifica.
En De la guerra dice: “Muchos espíritus dados a la filantropía dirían que existe una manera de desarmar o abatir al adversario sin un excesivo derramamiento de sangre. Se trata de una concepción falsa que debe ser rechazada”.
Las falsas ideas surgidas del sentimentalismo son siempre las peores.
El que no tenga miramiento ni recato ante el derramamiento de sangre habrá de obtener ventaja sobre el adversario.
Esto lo afirma Clausewitz porque, dice, el concepto teórico de la guerra es la destrucción del adversario.
¿Y entonces dónde quedaría esa guerra justa de que hablaba Santo Tomás?
“La guerra es un acto de fuerza y no hay límite para su aplicación”.
Como ese también es el objetivo del adversario, ninguno de los contendientes es dueño de sí mismo: uno justifica al otro.
No obstante, como se consideraba la guerra como asunto de caballeros, la violencia era regulada por códigos de ética.
Esas normas no escritas obligaban a no maltratar a los prisioneros y a respetar su rango y su honor.
Los civiles no debían ser intencionalmente atacados.
Cuando Clausewitz compara la guerra con el duelo asume por analogía las reglas consuetudinarias que regían los lances de honor.
Fue en la Ginebra de 1864 cuando se suscribió el primer convenio que dio respaldo legal al Comité Internacional de Socorro a los Heridos creado un año antes por Henry Dunant.
Pero la historia continúa.

La legitimidad moral de la guerra y su erosión histórica.
El tránsito desde la autoridad teológica al cálculo político.
La guerra moderna como continuación de la política.

Este análisis forma parte del eje temático de Orden Global y Geopolítica

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