La evolución del régimen cubano y su influencia sobre parte de la vida universitaria uruguaya vuelven a plantear un debate histórico que sigue abierto.
Radio Carve, una emisora montevideana que en aquellos tiempos sostenía una sólida postura anticomunista, aderezaba las pausas comerciales yuxtaponiendo dos discursos de Castro.
Los escuché tantas veces, que podría citarlos casi textualmente.
Si la memoria no me es infiel decía:
«Andan por ahí diciendo que la revolución cubana es comunista. ¡Palabras falsas, palabras canallescas, de todos esos intereses que no quieren perder su tierra ¡
Pero el pueblo de Cuba está claro. El pueblo de Cuba sabe que la revolución cubana no es comunista».
Estas expresiones se daban en el contexto de la gira de Castro por América, que realizó abril del 59.
El periplo comenzó por EE. UU, donde no fue recibido por el presidente Eisenhower.
En julio de 1960 el régimen cubano empezó a nacionalizar las empresas estadounidenses en la isla sin compensación alguna.
Será en mayo del año siguiente cuando Castro declarará:
«Soy marxista leninista, y seguiré siendo marxista leninista hasta el último día de mi vida».
Y con estas palabras, Radio Carve completaba su mensaje.
Años después la revolución cubana seguía aureolada de una suerte de romanticismo, que la hacía simpática aun en ciertos círculos liberales.
Este hecho podría explicarse, con una mirada generosa, en esa época, pero el sostenido fracaso del régimen cubano hace incomprensible la aprobación de la izquierda hoy en día.
La izquierda continúa viendo a Cuba como un faro de luz, aunque los permanentes cortes en el suministro de energía, que duran muchas horas por día demuestren lo contrario.
Esa es la postura que sostiene el gobierno uruguayo electo hasta 2030.
Así, un diputado comunista en un reciente acto público de solidaridad con la isla declaró:
«…solidaridad con el pueblo cubano y su revolución, creyendo que para nosotros y para nosotras sigue siendo ese faro en el que muchos y muchas nos vemos. Creemos que Cuba es esperanza, Cuba es resistencia, Cuba es dignidad».
Pero volvamos a la década del 60.
Diez años después de que la Ley Orgánica de la Universidad terminara por significar su entrega a la izquierda radical, en el marco de las «Medidas prontas de seguridad» previstas en el Art.168 de la Constitución, el gobierno nacional ordena una investigación de los centros públicos de enseñanza superior.
En el informe realizado en setiembre de 1968 se presenta el documento firmado por el Inspector General del Ejército Gral. Líber Seregni y sus respectivos de la Marina y Fuerza Aérea.
En las conclusiones se señala:
«Los locales destinados a los centros estudiantiles […] constituyen sedes de núcleos que, al no ser controlados por la autoridad docente, realizan actividades subversivas».
Algunos centros han sido utilizados como focos de agresión y lugares de refugio para los responsables […] constituyendo depósitos de materiales apropiados para alterar el orden (construcción de barricadas callejeras, encendido de fogatas, etc.)».
La autoridad docente expresa que «no apoya ni estimula […] Pero resulta probado que no se tomaron las previsiones adecuadas […] para que no se realicen los actos preparatorios de los ilícitos de pública notoriedad».
Ese proceso hace eclosión en estos años, pero está jalonado de suficientes indicadores como para aparecer como si fueran dirigidos contra un gobierno determinado.
Véase que cuando el proyecto de ley enviado por las autoridades universitarias es aprobado por el Parlamento, no se incluyó dentro de los fines de la Universidad «defender la forma democrático republicana de gobierno de gobierno».
Ese concepto fue agregado por los legisladores y contó con el rechazo expreso del consejero de la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU), organización controlada por el partido comunista.
En 1963 el Consejo de la Facultad de Arquitectura (Repartido 667/63) resuelve publicar los discursos de Castro.
Ese mismo año hacía su debut el MLN Tupamaros con el asalto a un club de tiro en Nueva Helvecia (Colonia).
Más allá de que el resultado del ataque no sirvió de mucho, despertó el interés en ciertos sectores de la izquierda atraídos por la lucha armada.
Muchos de esos simpatizantes de la violencia recibieron instrucción militar en Cuba, a donde se trasladaban triangulando con Checoslovaquia en el marco de la llamada «Operación Manuel».
Todos esos factores se vinieron aglutinado para desembocar en el golpe de estado del 73, una situación que duró hasta 1985
Muchos años después el Consejo de la Facultad de Arquitectura dispone denominar la Sala de Actos de esa Casa «Comandante Ernesto ‘Che’ Guevara».
Por supuesto ninguno de los integrantes del cuerpo se preguntó, qué relación tenía Guevara con la Arquitectura. Pero esos son detalles sin importancia.
Pongamos que Guevara «construyó» su propio destino y, además, fue el «arquitecto» de los campos de «reeducación» en Cuba.
Aunque hace años del colapso del socialismo real, y América está dando señales del abandono de la izquierda, la situación de mi país me hace recordar con tristeza aquel aviso de la asociación de radioemisoras, que con otro sentido decía:
«Pasa el tiempo y el Uruguay conserva sus rasgos más típicos».
En realidad, parece haberlos perdido.
Cuba e ideología.
Universidad y política.
Memoria histórica.
Continuar leyendo en Orden Global y Geopolítica.-
Nota: La foto que ilustra la nota muestra un aula de la Facultad de Arquitectura en 1968.
Apoyá la continuidad de Perspectiva Liberal
Perspectiva Liberal es un espacio editorial independiente. Si valorás este trabajo y querés colaborar con su continuidad, podés hacerlo mediante un aporte voluntario a nuestra cuenta Prex.
Cuenta Prex: 13440

