Entre acusaciones infundadas, cuestionamientos legítimos y la percepción pública, el debate sobre el honor y la responsabilidad política sigue plenamente vigente.
Es sabido que cuando alguna persona tiene exposición pública, en la actividad que sea, está sujeta a críticas.
Eso sucede particularmente a los que desempeñan cargos políticos.
Éstos, además, no solo son sometidos a cuestionamientos acerbos, sino a calumnias.
Esa calumnia, que empieza siendo un vientecillo y que va creciendo hasta transformarse en un temporal.
En el Uruguay es icónico el caso del Dr. Jorge Batlle, injustamente acusado de una infidencia.
Diversas fuentes lo consideraban implicado, por revelar a un círculo íntimo, que una devaluación de la moneda se produciría el día siguiente.
Los disparos no solo provenían de los adversarios, sino que también recibió fuego amigo.
Como en aquellos tiempos regía en Uruguay la Ley de duelos, se batió a sable con un correligionario político.
Cuando en 1992 el Dr. Gonzalo Aguirre, en ese entonces presidente de la Asamblea General, asumió la defensa de la norma, cuya derogación se pretendía, puso el caso del Dr. Batlle como ejemplo.
Su intervención apuntaba a sostener que la única defensa del honor calumniado era el duelo caballeresco, como regulaba la Ley.
Lo interesante es que un periodista que se movía libremente por la Casa de Gobierno, informó a un periódico, que en su edición dominical anunció en su portada la devaluación que se efectuaría el día siguiente.
Muchos años después, se realizó una investigación que no encontró prueba alguna de la acusación contra el Dr. Batlle.
Pese a ello, el fantasma de la infidencia se siguió agitando contra el político, lo que no impidió que alcanzara la presidencia de la República por el período 2000-2005.
Esta rememoración viene a cuento de que, si un candidato puede ser objeto de calumnias, ¡qué puede esperar un presidente!
La óptica cambia cuando no se trata de una calumnia, sino de acusaciones fundadas.
Por ejemplo, el actual presidente uruguayo sufrió fuertes críticas por la adquisición de una camioneta 0 km.
Según trascendió la había adquirido a una firma de plaza, que le hizo un descuento de U$S 25. 000.oo en el precio total.
No lo negó. En una entrevista donde fue consultado por la prensa, dijo: «Cuando hay descuentos, me tiro de cabeza».
Por su parte el ministro del Interior, que el 22 de enero con su licencia de conductor vencida, ignoró un cartel de pare, y causó serios daños (como la luxo-fractura de cadera) a un motociclista.
El hombre iba sin casco y también tenía vencida su licencia.
El ministro no trató de ocultarse y asumió su responsabilidad.
El asunto fue a la justicia, la que al día de la publicación de esta nota todavía no se ha expedido.
El ministro fue duramente criticado por la opinión pública y, naturalmente, por la oposición política.
La «opinión pública» muchas veces fluctúa entre cuestionar o guardar silencio de acuerdo con la posición política que se ostente.
En general, es bastante notorio en la izquierda, si bien la oposición no está exenta de asumir esa misma conducta.
Desde que el exvicepresidente de la República Raúl Sendic, manifestó en un discurso, que «si es de izquierda no es corrupto», se formalizó en la célebre frase ese sentimiento de superioridad moral, con que suele autopercibirse esa colectividad.
No es necesario recordar, que el señor Sendic fue destituido de su cargo por el Parlamento, acusado de actos ilícitos durante su pasaje como presidente de ANCAP.
De todos modos, se ha desarrollado una especie de colección de frases, para excusar que algunos dirigentes políticos no pagan los impuestos, a veces, por no declarar correctamente el metraje de sus viviendas o por otras presuntas razones.
Naturalmente, las irregularidades saltan cuando son descubiertas, porque de otra manera, seguirían existiendo.
El problema se plantea cuando una numerosa parte de la ciudadanía acepta, como sucedió en el caso de una propuesta ministra, que «la compañera no pagó porque no tenía plata».
Este desarrollo nos introduce al tema al que queremos llegar.
Es cierto que las críticas, sin ser calumniosas, en unas ocasiones son fundadas y en otras no.
O se producen situaciones ambiguas en que hay pros y contras.
Las actuales críticas al ministro del Interior sobre su disposición de instalar arcos de control vehicular en las entradas a Montevideo, es un buen ejemplo para analizar.
Lo veremos en próxima nota.
Calumnia y honor
Responsabilidad política
Opinión pública
Continuar leyendo en Orden Global y Geopolítica
Apoyá la continuidad de Perspectiva Liberal
Perspectiva Liberal es un espacio editorial independiente. Si valorás este trabajo y querés colaborar con su continuidad, podés hacerlo mediante un aporte voluntario a nuestra cuenta Prex.
Cuenta Prex: 13440

