Allegorical crowd divided between a luminous ascent toward knowledge and a darker mass absorbed in screens, mirrors, and mediated images.

Rodó, la prensa y el riesgo del igualitarismo intelectual

Un poema juvenil anticipa la defensa rodoniana del mérito, la excelencia intelectual y la responsabilidad civilizadora del periodismo.

El pensador uruguayo José Enrique Rodó es universalmente conocido por su texto «Ariel» o su «Motivos de Proteo».
Aunque también incursionó en la poesía.
Hacia 1923, la poeta y editora Antonia Artucio Ferreira (1889-1979) publicó «El Parnaso Uruguayo, 1905-1922».
En su obra, incorpora una poesía de Rodó titulada «La Prensa», aclarando: «Incluyo las poesías de don José Enrique Rodó, convencida de que ningún mérito agregan ni quitan a la obra del maestro; no faltará quien las lea con cariño».
Es un Rodó en sus veintitrés años, que da su opinión sobre el público y la actitud general del periodista de su época.

Vale la pena transcribir un fragmento.

«…El vulgo es rey: le obsequiarás sumiso,
el vulgo es el Mecenas opulento,
a quien colmar de honores es preciso…

Has de estudiar lo que le da contento,
lo que a su fino paladar halaga;
rendirle fiel y amable acatamiento…

¿Dices que es necio? «Es necio; pero, paga…».
No ha de olvidarlo el escritor del día,
aunque gacetas, y no versos, haga.

Si atiende a que, en locuaz bachillería,
mucho, de Lope acá, ganó la plebe
y aumentó la vulgar supremacía,

¿quién ya a negarle sumisión se atreve?,
¿quién, a inferir a la Igualdad agravio
al terminar del Siglo Diez y Nueve…?

…Ya suena a aristocrático resabio,
tener por menos lúcido y profundo
el parecer del vulgo, que el del sabio.

¡Ya desatóse, en perorar rotundo,
la «sin-hueso» plebeya…! ¡Ya obedece
al Comunismo intelectual, el Mundo…!».


Diría Discépolo: «vale Jesús, lo mismo que el ladrón».
Porque es conceptualmente lo que quiere decir Rodó.

Cuando se refiere al «Comunismo intelectual», si bien la expresión tiene una connotación peyorativa, no es al comunismo marxista.
Rodó fallecería antes de que se produjera en Rusia ese proceso que derivó en un funesto experimento.
De hecho, ese verso anticipa una preocupación que acompañará a Rodó durante buena parte de su obra: el riesgo de que la democracia degenere en igualitarismo intelectual.
El pensador no cuestiona la dignidad de las personas ni el principio democrático en sí, pero sí teme que la opinión pública termine desconfiando de toda autoridad fundada en el mérito, el estudio o la excelencia.
Esa preocupación reaparece, con un lenguaje más elaborado, en Ariel.
Allí critica el predominio de la cantidad sobre la calidad, el utilitarismo y la mediocridad cuando la masa se convierte en el único criterio de legitimidad.
En ese sentido, el «comunismo intelectual» del poema juvenil puede leerse como un antecedente de esa crítica.
Él emplea la palabra en su sentido etimológico de «hacer común», pero para denunciar que hacer común el juicio intelectual puede desembocar en la negación de las jerarquías del saber.
Es una intuición que hoy reaparece en debates muy actuales: ¿debe pesar igual la opinión de quien ha dedicado décadas al estudio de un tema que la de quien simplemente expresa una impresión?
Ciento veinte años después, una diputada frenteamplista (MPP), intenta, posiblemente sin saberlo, refutar a Rodó cuando expresa: «Si hay algo que detesto es el concepto de meritocracia porque nadie nace desde el mismo punto de partida. Es una infamia pensar que uno por esfuerzo y sacrificio puede llegar a grandes cosas».
Parece no tomar en cuenta lo que dice la Constitución de la República, sobre que las personas, iguales ante la ley, se distinguen entre ellas por sus talentos o virtudes.
Rodó respondería que la igualdad jurídica y política no exige renunciar al reconocimiento de la excelencia intelectual.
La prensa escrita era el único medio de comunicación masiva.

Las emisiones radiales comenzaron en el Uruguay en 1922.
Y dice:
«Pero, aunque el diario es, ante todo, un órgano de información, es también un comentador, un censor, un propagandista»,
El diario debe definir su opinión.

Y la «imparcialidad», debe entenderse como «el homenaje de respeto y de cultura debido a todas las opiniones sinceras y a todos los intereses legítimos».
No cae en la tontería de sostener que todas las opiniones y los intereses sean buenos.

Desde esa mirada, reclama un «amplio espíritu de hospitalidad para acoger todas las opiniones».
Claro, que primero sería conveniente definir qué se entiende por «sincero» y por «legítimo», porque de otro modo, se estaría abriendo las puertas de Ilión al enemigo.
Rodó no ignora que el periódico se lee entre urgencias, ni la «condición efímera» de su sustancia
Por eso proclama que «la Prensa diaria ha de ser como la sombra del cuerpo social: verdadera y fiel como la sombra, y como la sombra leve y pasajera».
Tenía Rodó una excesiva confianza en que «el progreso de las costumbres y las ideas [llevara] con acelerado impulso a la radicación de aquel ideal de periodismo civilizador» que él esperaba hacer realidad.
Pero para eso necesitaba que cada uno de los escritores participara en su empresa moralizadora.
Cien años después, viendo el comportamiento de muchos medios, y en particular, de algunos periodistas de «investigación» la sombra parece pesada, y lo que es peor, perenne.

Igualitarismo intelectual
Mérito y excelencia
Responsabilidad de la prensa

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