Anonymous government official facing unsold sovereign debt papers in a late-night economics office in Montevideo.

El milagro de la chequera ajena: cuando el “liberal de izquierda” descubrió quién paga el déficit

Una sátira sobre el súbito valor estratégico del capital privado cuando la deuda pública necesita compradores y la épica previsional se cruza con la caja.

«El milagro de la chequera ajena: De cómo el ‘liberal de izquierda’ descubrió que sin capitalistas no hay con qué pagar el déficit»
La escena: El despacho ministerial a medianoche
El Ministro de Economía —autodefinido con orgullo como «liberal de izquierda», un prodigio conceptual capaz de defender la tasa de ganancia corporativa con jerga de asamblea estudiantil— camina en círculos sobre la alfombra. Tiene la camisa desabrochada, ojeras de tres semanas y el teléfono celular pegado a la oreja. Sobre el escritorio descansa un informe lapidario: la flamante emisión de deuda soberana anunciada con bombos y platillos se ha subastado ante un silencio sepulcral. Literalmente, no se ha presentado ni el loro.
La Entrevista (o el monólogo de la desesperación)
Periodista: Señor Ministro, los mercados globales les han dado la espalda y los bonos nacionales se acumulan en las bandejas de entrada sin que nadie los mire. ¿Qué pasó con el plan maestro de estatización de las AFAP? ¿Dónde quedó el combate al «ahorro individual y especulativo»?
Ministro (deteniéndose abruptamente, con una sonrisa nerviosa y pálida): A ver, seamos rigurosos y modernos. Hay que matizar los conceptos. El relato… perdón, la estrategia macroeconómica siempre es dinámica. La idea original de barrer con las AFAP y nacionalizar los fondos previsionales lucía preciosa sobre el papel para aplaudir en los plenarios. ¡Era la cúspide de la justicia social intergeneracional!
Periodista: ¿Y qué cambió de repente?
Ministro (pasándose una mano por la frente): Digamos que la realidad económica tuvo la mala educación de estrellarse contra nuestras narices. Resulta que, en un exceso de fervor ideológico, se nos ocurrió hacer una prueba piloto: emitir deuda para financiarnos solitos, creyendo que el patriotismo financiero iba a llover del cielo. ¿Y sabe qué pasó? Hicimos la emisión y… no apareció ni el loro. Literalmente. El único que ofertó fue un funcionario despistado que mandó un sobre con tres mil pesos y un vale de comestibles.
Periodista: ¿Y las AFAP que tanto criticaban?
Ministro (con un escalofrío que le recorre la columna): ¡Ay, las benditas AFAP! Esas mismas corporaciones abyectas a las que queríamos expropiar por considerarlas un instrumento del gran capital… ¡resulta que eran las únicas tontas útiles que nos compraban los bonos para tapar el agujero fiscal! Si las estatizábamos de golpe, nos quedábamos sin caja, sin financiamiento y con el Estado pidiendo moneda en la esquina de 18 de Julio. ¿Pagar sueldos públicos? ¿Sostener el déficit? ¡Iban a tener que pagarnos con vales de canje en la cooperativa!
Periodista: ¿Y cómo solucionaron semejante cortocircuito dialéctico?
Ministro (suspirando con alivio mientras toma un sorbo de café frío): Ah, con gran agilidad política estilo Valcorba. Agarré el teléfono a las tres de la mañana y llamé urgido al presidente del partido.
“Mirá, hermano”, le dije sin rodeos, “tenés que sacar inmediatamente esa parte del documento del Diálogo Social… sí, esa donde prometíamos decapitar a las AFAP y repartir los fondos en vales de la solidaridad”.
Periodista: ¿Y qué le dijo el presidente del FA?
Ministro: Al principio se puso como loco, me habló de traición a los mártires y no sé qué épica fundacional. Pero le solté la cifra exacta del déficit fiscal y se le pasó el arrebato revolucionario al instante. Así que le pedí que por favor redactara otro cuento de hadas institucional, bien redactado y con gráficos de colores.
Periodista: ¿Qué dice ese nuevo cuento de hadas?
Ministro (guiñando un ojo con cinismo tecnocrático): Lo de siempre: que la expropiación y la refundación del sistema previsional no se cancelan… simplemente se postergan con absoluta responsabilidad fiscal… hasta el siglo próximo. Mientras tanto, que las AFAP sigan cobrando sus comisiones tranquilas, nos sigan comprando la deuda, y a otra cosa. ¡Eso es ser un liberal de izquierda eficiente: usar la billetera del capital privado para mantener viva la ilusión colectiva!

Déficit y financiamiento
AFAP y deuda pública
Pragmatismo ideológico

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