Small business closing at dusk in an urban Uruguayan neighborhood, illustrating economic and fiscal pressure.

La rendición que celebra el gobierno

Una crítica liberal al rumbo fiscal de la Rendición de Cuentas, al aumento del gasto público y a las perspectivas de crecimiento económico.

LA RENDICIÓN QUE CELEBRA EL GOBIERNO
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano

Hay una vieja y funesta costumbre en la política latinoamericana: pretender disimular los desaguisados de la aritmética con epopeyas discursivas.
La reciente Rendición de Cuentas presentada por el gobierno no es más que la constatación estadística de un fracaso anunciado, un auténtico armisticio económico donde el Estado enarbola la bandera blanca frente a la realidad, rindiéndose mansamente ante la ley de la gravedad de los mercados.
Los números, tercos y refractarios al relato oficial, no perdonan.
Se proyectó un crecimiento de 2,6% y la economía apenas si coqueteó con un magro 1,8%.
¿Cuál es la respuesta de la corporación política ante semejante desvío?
Ordenar el gasto del Estado, ineficiente, dilapidante, insoportable, excesivo, que nos condena a endeudarnos por varias generaciones. NO. Reducir la proyección para el período siguiente a un pírrico 1,6% y aumentar el gasto público.
Lejos de asumir que el modelo de incentivos con dinero tirado por el sistema político está agotado, se opta por recortar las expectativas de crecimiento productivo como quien esconde la basura debajo de la alfombra.
El festival del gasto y los espejismos de la corporación
Lo grave no es solo que la riqueza real crezca menos de lo pronosticado, sino que la voracidad estatal opera en sentido inverso a permitir que el sector productivo genere los recursos que, paradójicamente, se comen los parásitos públicos. El desvío fiscal no se corrige a la baja; por el contrario, se ensancha de la mano de un gasto público que insiste en vivir prestado.
Mientras el sector productivo —ese que madruga, arriesga capital propio, intenta dar trabajo cargado de tributos, y sufre la pesada mochila tributaria— observa con desconfianza este rumbo (apenas un 30% de los empresarios rescata algo positivo de la gestión), la clase política insiste en administrar el boliche ajeno como si los recursos fueran inagotables, y suyos.
Confunden «gasto social» con inversión genuina en oportunidades de empleo, ignorando que cada dólar que el Estado tira de más al retrete, es, en los hechos, un impuesto futuro o una nueva emisión de pasivos que hipoteca el porvenir de los que vienen.
Las advertencias del Consejo Fiscal y la crítica liberal
En este concierto de optimismo inescrupuloso, el Consejo Fiscal Autónomo emitió su categórico informe poniendo sobre la mesa alertas lapidarias sobre la trayectoria de la deuda y la fragilidad fiscal.
El organismo técnico advierte que, de seguir por este sendero de desvíos y reducción de ingresos, el país se encamina peligrosamente a rozar los límites legales de endeudamiento sustentable, reduciendo a cero el margen de maniobra ante cualquier shock externo.
Traducido al vulgo, si no dejan que los que los bancan puedan sobrevivir se quedan sin prestamistas que banquen sus desvaríos.
Desde la vereda de enfrente, la oposición apenas ha sabido articular un diagnóstico certero sobre este despilfarro.
Lejos de caer en la tentación de reclamar más intervencionismo, los sectores opositores de corte liberal han señalado con precisión quirúrgica que el problema estructural de esta Rendición de Cuentas es el tamaño elefantiásico del Estado y la voracidad fiscal.
Han puesto el foco en que el déficit crónico no se soluciona con parches, ni subsidios o repartijas, ni asfixiando aún más al que paga la “fiesta”: el contribuyente que sobrevive apenas, sino desregulando la economía, bajando impuestos y recortando de cuajo el gasto político improductivo que ahoga las libertades individuales y el desarrollo genuino del sector que les paga el sueldo.
Conclusión
La Rendición de Cuentas deviene así en un certificado de impotencia. Una verdadera rendición sobre el presupuesto proyectado desfinanciado.
Nos gobiernan cultores del parche y del «vamos viendo», incapaces de entender que la prosperidad no surge de los despachos de inservibles, ni de los decretos voluntarias, sino del libre acuerdo entre personas libres con ganas de esforzarse y prosperar.
Hasta que no se comprenda que achicar el Estado a un margen mínimo, es agrandar a la sociedad, lo que cuesta cada vez más dado el peso que impide trabajar, seguiremos celebrando victorias pírricas: conseguimos los votitos para aprobar otra rendición del sector productivo al Estado explotador.
Firmando rendiciones incondicionales ante el altar del crecimiento del retroceso económico y social.

Disciplina fiscal
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Crecimiento y deuda

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