Uruguayan family walking near aging railway and industrial infrastructure.

El festín de los agujeros negros del Estado

El contraste entre las pérdidas de los entes públicos y los US$ 31 millones adicionales anunciados para la infancia expone, según el autor, una prioridad fiscal invertida.

𝗘𝗟 𝗙𝗘𝗦𝗧Í𝗡 𝗗𝗘 𝗟𝗢𝗦 𝗛𝗨𝗘𝗖𝗢𝗦 𝗡𝗘𝗚𝗥𝗢𝗦
𝗬 𝗹𝗮 𝗹𝗶𝗺𝗼𝘀𝗻𝗮 𝗱𝗲 𝗰𝗮𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗮𝗿𝗶𝘀𝘁𝗼𝗰𝗿á𝘁𝗶𝗰𝗮
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano

Hay una simetría poética, profundamente cruel y de un grotesco puramente criollo, en la manera en que el Estado administra su propia ruina.
Por un lado, tenemos las auditorías de nuestras joyas estatales más preciadas —ese museo de la ineficiencia donde el 𝗖𝗼𝗿𝗿𝗲𝗼, 𝗔𝗙𝗘 y el “entrañable” 𝗽𝗼𝗿𝘁𝗹𝗮𝗻𝗱 𝗱𝗲 𝗔𝗡𝗖𝗔𝗣 compiten por ver cuál incinera más billetes por segundo—.
Por el otro, el destello de iluminación tecnócrata del gobierno actual: sacudirse las culpas de encima y anunciar con bombos y platillos una inyección de 𝟯𝟭 𝗺𝗶𝗹𝗹𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗱ó𝗹𝗮𝗿𝗲𝘀 para combatir la pobreza infantil.
Treinta y un millones. Doscientos pesitos más, pesitos menos. La cifra perfecta para solucionar un drama estructural histórico mientras se mira hacia el costado con una elegancia digna de alta escuela de hipocresía.
𝗘𝗹 𝗧𝗶𝘁𝗮𝗻𝗶𝗰 𝗻𝗮𝘃𝗲𝗴𝗮 𝗲𝗻 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲𝗴𝗶𝗿𝗼: 𝗟𝗮𝘀 𝗮𝘂𝗱𝗶𝘁𝗼𝗿í𝗮𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗵𝗼𝗿𝗿𝗼𝗿 𝗰𝗼𝗿𝗽𝗼𝗿𝗮𝘁𝗶𝘃𝗼-𝗲𝘀𝘁𝗮𝘁𝗮𝗹
Repasemos los hallazgos de los auditores, esos seres sufridos que todavía intentan aplicar la lógica cartesiana a los agujeros negros pétreos del presupuesto nacional.
𝗘𝗹 𝗖𝗼𝗿𝗿𝗲𝗼 𝗨𝗿𝘂𝗴𝘂𝗮𝘆𝗼:
Las auditorías destapan la radiografía de un paciente en coma farmacológico de un siglo al otro.
𝗘𝗹 𝗖𝗼𝗿𝗿𝗲𝗼 𝗨𝗿𝘂𝗴𝘂𝗮𝘆𝗼 𝗮𝗰𝘂𝗺𝘂𝗹ó 𝗽𝗼𝗿 𝗲𝘀𝘁á ú𝗹𝘁𝗶𝗺𝗮 𝗮𝘂𝗱𝗶𝘁𝗼𝗿í𝗮 𝘀𝗲𝗶𝘀 𝗮ñ𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗻𝘀𝗲𝗰𝘂𝘁𝗶𝘃𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗱é𝗳𝗶𝗰𝗶𝘁 𝗳𝗶𝗻𝗮𝗻𝗰𝗶𝗲𝗿𝗼 𝗮𝗹 𝗰𝗲𝗿𝗿𝗮𝗿 𝗲𝗹 𝗲𝗷𝗲𝗿𝗰𝗶𝗰𝗶𝗼 𝟮𝟬𝟮𝟱 𝗰𝗼𝗻 𝘂𝗻 𝗿𝗲𝘀𝘂𝗹𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗻𝗲𝗴𝗮𝘁𝗶𝘃𝗼 𝗱𝗲 $ 𝟭.𝟰𝟴𝟬,𝟲 𝗺𝗶𝗹𝗹𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗽𝗲𝘀𝗼𝘀 (𝘂𝗻𝗼𝘀 𝗨𝗦$ 𝟯𝟲,𝟰 𝗺𝗶𝗹𝗹𝗼𝗻𝗲𝘀), 𝗮 𝗽𝗲𝘀𝗮𝗿 𝗱𝗲 𝗿𝗲𝗰𝗶𝗯𝗶𝗿 𝘀𝘂𝗯𝘀𝗶𝗱𝗶𝗼𝘀 𝗺𝗶𝗹𝗹𝗼𝗻𝗮𝗿𝗶𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗘𝘀𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗼𝗯𝗹𝗶𝗴𝗮 𝗮 𝗹𝗮𝘀 𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲𝘀𝗮𝘀 𝗽𝗿𝗶𝘃𝗮𝗱𝗮𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗿𝗮𝗺𝗼 𝗮 𝗰𝗼𝗯𝗿𝗮𝗿 𝘂𝗻 𝗽𝗹𝘂𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗲𝗹 “𝗺𝘂𝗲𝗿𝘁𝗼” 𝗲𝗻 𝘃𝗶𝗱𝗮.
Es una empresa fantasma sostenida a fuerza de chequera pública donde no se puede competir en el siglo XXI con una estructura de costos trágica: el sueldo y las cargas sociales se tragan hasta el último centavo de una carta que ya nadie manda, financiada imperceptiblemente por el contribuyente que prefiere usar WhatsApp.
Y por si la magia contable fuera poco, la institución se rinde al clímax del absurdo uruguayo: 𝘀𝘂𝘀 𝗽𝗮𝗻𝗶𝗮𝗴𝘂𝗮𝗱𝗼𝘀 𝘁𝗲 𝗱𝗲𝗰𝗿𝗲𝘁𝗮𝗻 𝘂𝗻 𝗽𝗮𝗿𝗼 𝗴𝗲𝗻𝗲𝗿𝗮𝗹 𝗼 𝘂𝗻 𝗰𝗼𝗻𝗳𝗹𝗶𝗰𝘁𝗼 𝘀𝗶𝗻𝗱𝗶𝗰𝗮𝗹 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗽𝗿𝗼𝗳𝘂𝗻𝗱𝗶𝘇𝗮𝗿 𝘁𝗼𝗱𝗮𝘃í𝗮 𝗺á𝘀 𝗹𝗮𝘀 𝗽é𝗿𝗱𝗶𝗱𝗮𝘀 𝘀𝘂𝗺𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗺á𝘀 𝘀𝘂𝗲𝗹𝗱𝗼𝘀 𝗿𝗲𝗰𝗹𝗮𝗺𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗺á𝘀 𝗳𝘂𝗻𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗿𝗶𝗼𝘀.
¿El resultado brillante de la medida? La empresa no recauda un mísero peso, los paquetes se amontonan criando hongos en los galpones y la plantilla de funcionarios sigue engordando religiosamente el recibo de sueldo a fin de mes, cobrando aumentos, aunque dan pérdida por no producir, mientras el contribuyente financia el piquete del propio fracaso.
𝗔𝗙𝗘:
Las vías del tren son un recordatorio poético de la melancolía nacional y del pillaje administrativo extendido por todos los gobiernos.
𝗟𝗮 𝗔𝘂𝗱𝗶𝘁𝗼𝗿í𝗮 𝗜𝗻𝘁𝗲𝗿𝗻𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗡𝗮𝗰𝗶ó𝗻 (𝗔𝗜𝗡) 𝘆 𝗽𝗼𝘀𝘁𝗲𝗿𝗶𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗶𝗻𝘃𝗲𝘀𝘁𝗶𝗴𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗹𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗿𝗶𝗮𝘀 𝗲𝗻 𝗹𝗮 𝗔𝗱𝗺𝗶𝗻𝗶𝘀𝘁𝗿𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗱𝗲 𝗙𝗲𝗿𝗿𝗼𝗰𝗮𝗿𝗿𝗶𝗹𝗲𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗘𝘀𝘁𝗮𝗱𝗼 (𝗔𝗙𝗘) 𝗱𝗲 𝗨𝗿𝘂𝗴𝘂𝗮𝘆 𝗽𝘂𝘀𝗶𝗲𝗿𝗼𝗻 𝗲𝗹 𝗳𝗼𝗰𝗼 𝗲𝗻 𝗽é𝗿𝗱𝗶𝗱𝗮𝘀 𝗳𝗶𝗻𝗮𝗻𝗰𝗶𝗲𝗿𝗮𝘀 𝘆 𝘂𝗻 𝗱𝗲𝘀𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗼𝗹 𝗮𝗱𝗺𝗶𝗻𝗶𝘀𝘁𝗿𝗮𝘁𝗶𝘃𝗼 𝗰𝗮𝗹𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗱𝗼 𝗰𝗼𝗺𝗼 «𝗰𝗮𝗼𝘀» 𝗽𝗼𝗿 𝗻𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮𝘀 𝗮𝘂𝘁𝗼𝗿𝗶𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀.
𝗘𝗹 𝗶𝗻𝘃𝗲𝗻𝘁𝗮𝗿𝗶𝗼 𝗳𝗮𝗻𝘁𝗮𝘀𝗺𝗮 𝘆 𝗲𝗹 𝗳𝗲𝘀𝘁𝗶𝘃𝗮𝗹 𝗱𝗲𝗹 𝗮𝗿𝗿𝗲𝗻𝗱𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼:
La auditoría determinó que AFE desconoce el universo exacto de inmuebles que integran su patrimonio (estimado entre 1.500 y 2.000 propiedades). Esto provocó pérdidas masivas de ingresos debido a 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮𝘁𝗼𝘀 𝘃𝗲𝗻𝗰𝗶𝗱𝗼𝘀: El 90% de los contratos de arrendamiento particulares estaban vencidos hace más de cinco años sin actualización ni intimación de cobro.
𝗔𝗱𝗷𝘂𝗱𝗶𝗰𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗶𝗻𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗹𝗲𝘀 𝘆 𝗼𝗰𝘂𝗽𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀:
Se detectaron ocupaciones de terrenos y estaciones antiguas avaladas «de palabra» por gerentes de épocas pretéritas para vivienda o uso empresarial, generando deudas significativas sin registrar.
Se descubrieron comunicaciones internas donde se perdonaban deudas a ocupantes y arrendatarios sin la autorización obligatoria del Directorio.
Hubo casos donde personas ajenas a la institución cobraban los alquileres de los predios de AFE.
La auditoría y posteriores denuncias confirmaron un gasto desmedido de más de 𝟮𝟱 𝗺𝗶𝗹𝗹𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗱ó𝗹𝗮𝗿𝗲𝘀 en contratos de servicios de seguridad y vigilancia privada.
Se detectaron graves fallas y presuntas irregularidades en la adjudicación de estas contrataciones, transformando la custodia de los bienes en otro pozo ciego de recursos públicos.
𝗘𝗹 𝗣𝗼𝗿𝘁𝗹𝗮𝗻𝗱 𝗱𝗲 𝗔𝗡𝗖𝗔𝗣:
Ah, el cemento.
𝗟𝗮 𝗱𝗶𝘃𝗶𝘀𝗶ó𝗻 𝗱𝗲 𝗰𝗲𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗣𝗼𝗿𝘁𝗹𝗮𝗻𝗱 𝗱𝗲 𝗔𝗡𝗖𝗔𝗣 𝗮𝗿𝗿𝗮𝘀𝘁𝗿𝗮 𝗽é𝗿𝗱𝗶𝗱𝗮𝘀 𝗲𝘀𝘁𝗿𝘂𝗰𝘁𝘂𝗿𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗰𝗿í𝘁𝗶𝗰𝗮𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗽𝗼𝗿 𝗲𝗻é𝘀𝗶𝗺𝗮 𝘃𝗲𝘇 𝗹𝗮𝘀 𝗰𝗼𝗹𝗼𝗰𝗮𝗻 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗰𝗲𝗻𝘁𝗿𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗱𝗲𝗯𝗮𝘁𝗲 𝗽𝗼𝗹í𝘁𝗶𝗰𝗼 𝘆 𝗳𝗶𝗻𝗮𝗻𝗰𝗶𝗲𝗿𝗼.
De acuerdo con las auditorías de los estados financieros consolidados de la empresa pública y los informes oficiales, el negocio del cemento se consolida como un lastre histórico para el ente.
𝗟𝗮𝘀 𝗰𝗶𝗳𝗿𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗽é𝗿𝗱𝗶𝗱𝗮𝘀 (𝗣𝗲𝗿𝗶𝗼𝗱𝗼 𝟮𝟬𝟬𝟬-𝟮𝟬𝟮𝟲)
La unidad de Portland acumula un rojo superior a los 𝗨𝗦$ 𝟴𝟬𝟬 𝗺𝗶𝗹𝗹𝗼𝗻𝗲𝘀 en los últimos 25 años (desde el año 2000), considerando pérdidas operativas y el deterioro del valor de las inversiones.
𝗗é𝗳𝗶𝗰𝗶𝘁 𝗱𝗲𝗹 ú𝗹𝘁𝗶𝗺𝗼 𝗲𝗷𝗲𝗿𝗰𝗶𝗰𝗶𝗼:
En el balance auditado correspondiente a 𝟮𝟬𝟮𝟱, el negocio del Portland registró una pérdida anual de 𝗨𝗦$ 𝟯𝟭 𝗺𝗶𝗹𝗹𝗼𝗻𝗲𝘀.
En 2024, la pérdida operativa específica del sector había sido de 𝗨𝗦$ 𝟮𝟰,𝟱 𝗺𝗶𝗹𝗹𝗼𝗻𝗲𝘀.
𝗙𝗮𝗰𝘁𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗱é𝗳𝗶𝗰𝗶𝘁 𝘀𝗲𝗴ú𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝗮𝘂𝗱𝗶𝘁𝗼𝗿í𝗮𝘀 𝗲 𝗶𝗻𝗳𝗼𝗿𝗺𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗴𝗲𝘀𝘁𝗶ó𝗻
Las plantas industriales de Minas y Paysandú operan muy por debajo del estándar regional sostenible. Mientras la industria requiere unos 330 días de funcionamiento al año para ser rentable, en los últimos ejercicios Minas operó 142 días y Paysandú apenas 103.
El costo de fabricación supera ampliamente el valor de mercado. Producir una tonelada cuesta $7.514 en Minas y$ 9.781 en Paysandú, mientras que el ingreso promedio por tonelada comercializada ronda únicamente los $ 4.340. Es un prodigio económico: vender sistemáticamente cada kilo mucho más barato de lo que cuesta fabricarlo.
Se han invertido cientos de millones de dólares en modernizaciones en décadas pasadas (incluyendo la polémica compra de un horno de Sendic (90 millones de dólares) cuya instalación era más cara que el horno que requirió auditorías específicas por faltantes de piezas en su momento, por lo cual persisten retrasos tecnológicos estructurales.
El resultado de estas auditorías no sorprende a nadie con dos dedos de frente: 𝗲𝗹 𝗘𝘀𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗶𝗻𝗲𝗳𝗶𝗰𝗶𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗲𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝗺á𝗾𝘂𝗶𝗻𝗮 𝗽𝗲𝗿𝗳𝗲𝗰𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝘁𝗿𝗮𝗻𝘀𝗳𝗲𝗿𝗶𝗿 𝗿𝗲𝗰𝘂𝗿𝘀𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗯𝗼𝗹𝘀𝗶𝗹𝗹𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗹𝗮𝗯𝘂𝗿𝗮𝗻𝘁𝗲 𝗵𝗮𝗰𝗶𝗮 𝗹𝗮 𝘁𝗿𝗶𝘁𝘂𝗿𝗮𝗱𝗼𝗿𝗮 𝗰𝗼𝗿𝗽𝗼𝗿𝗮𝘁𝗶𝘃𝗮.
𝗟𝗮 𝗴𝗿𝗮𝗻 𝘀𝗼𝗹𝘂𝗰𝗶ó𝗻: 𝟯𝟬 𝗺𝗶𝗹𝗹𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗹𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮 (𝘆 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗼 𝘀𝗲 𝗻𝗼𝘁𝗲 𝗺𝘂𝗰𝗵𝗼)
Y es hierba de la misma laya donde el relato oficial alcanza cotas de una ironía cinematográfica.
Con el agua al cuello por el déficit estructural, el crecimiento falseado, y las cuentas hechas trizas por este festival de entes inviables, paros recurrentes, inmuebles regalados de palabra y hornos cementeros que queman plata, el gobierno irrumpe en la escena con una solución audaz: ¡𝟯𝟭 𝗺𝗶𝗹𝗹𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗱ó𝗹𝗮𝗿𝗲𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗿𝗲𝘀𝗰𝗮𝘁𝗮𝗿 𝗮𝗹 𝟮𝟱% 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗽𝗿𝗶𝗺𝗲𝗿𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮!
¡Albricias! Con esa impactante cifra —que resulta ser 𝗲𝘅𝗮𝗰𝘁𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗶𝗱é𝗻𝘁𝗶𝗰𝗮 𝗮 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗹 𝗻𝗲𝗴𝗼𝗰𝗶𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗣𝗼𝗿𝘁𝗹𝗮𝗻𝗱 𝗱𝗲 𝗔𝗡𝗖𝗔𝗣 𝗽𝗶𝗲𝗿𝗱𝗲 𝗲𝗻 𝘂𝗻 𝘀𝗼𝗹𝗼 𝗮ñ𝗼 𝗱𝗲 𝗱𝗲𝘀𝗮𝘀𝘁𝗿𝗲 ($ 𝟯𝟭 𝗺𝗶𝗹𝗹𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗲𝗻 𝟮𝟬𝟮𝟱), muy cerca de lo que el Correo quema en su agonía roja anual, y apenas una fracción del caos de propiedades y millones tirados en seguridad trucha en AFE— pretenden solucionar una crisis donde un tercio de los niños crece en hogares bajo la línea de la pobreza.
Es una limosna de alta costura.
Se diseña un intrincado mapa de transferencias por deciles, se convoca a conferencias de prensa con gráficos multicolores y se promete solemnemente una reducción del 25% en la pobreza de los bajitos, como si la miseria estructural se curara con curita y un par de declaraciones juradas en oficinas públicas.
“No se preocupen, gurises, el Estado les va a girar unos pesos… siempre y cuando el Correo termine su asamblea, levante el paro, en AFE encuentren de qué era el terreno que regaló de palabra el gerente amigo, nos sobre algo del monopolio de los combustibles que financia los hornos inservibles y el pasto deje de crecer sobre los durmientes”.
𝗟𝗮 𝗺𝗮𝘁𝗲𝗺á𝘁𝗶𝗰𝗮 𝗱𝗲𝗹 𝗮𝗯𝘀𝘂𝗿𝗱𝗼
Pongamos las cosas en perspectiva, usando la fría aritmética que los gobernantes prefieren ignorar:
Lo que se pierde, se entierra, se regala o se despilfarra en mantener a flote los desastres corporativos del Estado —como los 31 millones que quema el Portland de ANCAP en un año, los casi 37 millones que funde el Correo entre paros y sueldos de paquetes caídos, y los millones en inmuebles perdidos y seguridad fantasma en AFE— en pocos años equivale sobradamente a presupuestos enteros dedicados a romper el ciclo biológico de la indigencia.
Se recortan centavos con pinzas quirúrgicas en la asignación general, pero se destinan fortunas a mantener estructuras públicas obsoletas cuyo único propósito real es servir de refugio burocrático, agencias de colocaciones partidarias, presiones sindicales, y aguantaderos de descontrol administrativo.
Se anuncia con bombos y platillos una cifra de 31 millones de dólares como un hito histórico de sensibilidad social, mientras el verdadero drama —la destrucción del tejido humano, la falta de capital cognitivo y la condena de generaciones enteras marginadas— es atendido con la generosidad presupuestaria de un avaro administrando propinas.
Al final del día, las auditorías de AFE, el Correo y el cemento de ANCAP no son más que el espejo de nuestra decadencia institucional.
Nos muestran un país que gasta una fortuna monumental en mantener reliquias corporativas quebradas, rehenes de paros interminables y administradas bajo el más absoluto descontrol patrimonial, mientras tira unas migajas estadísticas a los niños pobres bajo la solemne promesa de que, con un poco de suerte, la limosna de 31 millones alcanzará para llegar al diez del mes.
Una postal perfecta de la tragicomedia nacional: plata sobrante para los agujeros negros del Estado, y caridad de comité para el futuro estancado de la República.

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