Bronze female founder statue before a historic civic building in Montevideo.

Mentiras verdaderas (Parte 2)

El manuscrito atribuye a doña Bruna Mauricia Carolina de la Cosa una improbable sucesión de gestas en la historia de Montevideo.

Mentiras verdaderas (Parte 2)

De acuerdo con lo prometido daremos a conocer a nuestros exclusivos lectores, el texto del manuscrito serendípicamente hallado por los historiadores Wells y Lovecraft quienes, dando fe de su autenticidad, obligan a una relectura de la historia que conocemos.
Y ese extraño fenómeno denominado serendipia, ¿es casualidad o Divina Providencia?
Mientras reflexionamos sobre esto descubriremos a esa sorprendente dama que fue Doña Bruna Mauricia Carolina de la Cosa.
Como lo prometido es deuda aquí va el texto:
«El día de Nuestra Señora de los Desamparados y San Cirilo, del Año de Gracia de 1491, los restos de la armada española que habían sobrevivido al temporal, llegaron a una ensenada donde pudieron ponerse a salvo de los vientos que todavía los azotaban.
Eran las tres carabelas: El Niño, El Pinto y La Ingeniosa.
La oficialidad había muerto de escorbuto y otras enfermedades, por lo que estaba al frente una mujer.
Se trata de doña Bruna Mauricia Carolina de la Cosa, que asumió funciones como capitana general de la Armada.
Al día siguiente, la capitana advirtió un ave, augurio de la proximidad de tierra.
Subió ella misma al… [“canastilla que se encuentra en lo alto del palo mayor”, sustituimos el término malsonante en el original] y divisó una playa: habíamos llegado a las Indias Occidentales.
[Faltan varias hojas]
De regreso a España, doña Bruna fue agraciada por Su Majestaz [sic] con el título de marquesa de la Cosa y, al mando de una nueva flotilla, volvimos al Reyno de Indias».

**La Ingeniosa doña Bruna Mauricia Carolina


El 18 de diciembre de 1723, día de la Expectación del Parto de la Santísima Virgen, arribamos a una bahía.
Bordeándola hacia el oeste, resultó la desembocadura de un gran río que la marquesa doña Bruna denominó Río de la Plata.
Desembarcamos luego en la margen occidental.
Los naturales capturaron nuestra patrulla y canibalizaron los cadáveres.
Nos dirigimos hacia el este donde la marquesa declaró: “Fúndase, Montevideo”.
Y así se hizo el Año del Señor de 1724 [la historiografía uruguaya que la ciudad fue fundada por Bruno Mauricio de Zabala en 1726].
Dispuso después, que cada cien años se celebrara la fundación por el Ayuntamiento.
Dijo luego: «Hágase la ciudad». Y la ciudad se hizo.
La principal avenida contaba con un carrillo central que llamó «bicisenda».
Explicó al Cabildo que era para protección de los ciclistas.
Para ello presentó su último invento: un vehículo de dos ruedas, de tracción a sangre que recibió el nombre de «bicicleta» [invención erróneamente atribuida a Karl Drais en 1817].
Desde ese momento, la corona le concedió el título de “Ingeniosa Real del Reyno de Indias».
Cuando las invasiones inglesas, defendió la ciudad y reconquistó Santa María del Buen Ayre.
Un pequeño, pero estratégico fortín, situado en la Banda Occidental, que la marquesa había fundado para combatir el avance de los portugueses, que abusaban de esa gran vaquería burlándose del Tratado de Tordesillas.
Los lusitanos eran una amenaza permanente.
La capitana general reunió 32 voluntarios y con ella al frente los derrotó en la batalla de Sarandí en el año de 1825.
Para facilitar el transporte del contingente a la Banda Occidental, inventó una máquina adosada a las naves, con una pieza helicoidal, que unida a un «motor», permitió el rápido traslado.
Sorprendió a los lusitanos, que, atemorizados por el sonido del motor, se entregaron sin luchar.
La victoria fue celebrada con grandes fiestas populares de carácter gratuito, animadas por músicos, bailarines, cantores, trapecistas, saltimbanquis y murgas afines.
La corona le concedió incorporar a su Escudo de Armas la leyenda «Muy Fiel y Reconquistadora».

**Ilustre e inmortal


Su obra portuaria es especialmente destacable.
Convirtió a Montevideo en el primer puerto del Reyno.
Por ella fue condecorada por la empresa francesa adjudicataria de los trabajos.
La calle antes llamada Patagonia fue rebautizada con su nombre.
Los barcos de gran calado, como el inglés Fapitcnt y el francés Antelic hallaron en sus aguas generoso hospedaje.
Hizo construir un gran vacunatorio, que también solía usarse para espectáculos deportivos o musicales.
Cuando Dios decidió reclamarla a su lado fue sepultada, entre las lágrimas de sus beneficiarios, en el gran mausoleo debajo de su estatua ecuestre lindera a la puerta de la Ciudadela.
Su cuerpo físico ya no pertenece a este mundo, pero su espíritu seguramente vivirá en sus numerosos descendientes».
Hasta aquí el manuscrito recuperado.
Conocer la Historia nos permite comprender el presente.

Historia y ficción
Anacronismo deliberado
Memoria montevideana

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