Conceptual illustration of civil society shifting toward state-aligned corporatist structures

Del arte de la asociación social al corporativismo

Cómo el asociacionismo democrático derivó en estructuras corporativas que hoy refuerzan el poder estatal en lugar de limitarlo

– De la asociación civil al corporativismo
– El ruido digital y la tiranía de la mayoría
– El agotamiento del Estado del bienestar

DEL ARTE DE LA ASOCIACIÓN SOCIAL AL INDIVIDUALISMO
«El individualismo es un sentimiento reflexivo y pacífico que dispone a cada ciudadano a aislarse de la masa de sus semejantes… abandona a la sociedad propiamente dicha a sí misma».
Tocqueville sostenía que el antídoto contra el despotismo era el «arte de la asociación».
Para él, las asociaciones civiles (desde clubes de lectura hasta juntas de vecinos) eran los nuevos «señores feudales» que podían poner freno al poder absoluto del Estado.
Sin embargo, estas defensas no sirvieron para evitar el colapso actual por tres razones fundamentales que el propio Tocqueville vislumbró, pero que la posmodernidad forzó al extremo:
La degradación de la «Asociación» en «corporativismo»
Tocqueville confiaba en que los ciudadanos se unirían por causas comunes para resolver problemas de interés colectivo.
En el siglo XXI, el asociacionismo ha sido secuestrado por el corporativismo.
Grupos de personas que satisfacen su ambición de poder impune, avasallando los recursos de otros, usando al Estado como máquina de confiscación.
Las asociaciones ya no buscan el bien público, sino privilegios estatales. El ciudadano pasó a ser cliente de beneficios que otorga la maquinaria electoral a través de sus supuestos representantes.
En lugar de ser un contrapeso al Estado, las grandes corporaciones y grupos de interés se han fusionado con él.
La «asociación» se convirtió en un mecanismo de exclusión de algunos, no de participación de todos en las decisiones de interés público.
La tiranía de la mayoría y el «Ruido» Digital
Tocqueville temía que la opinión pública se volviera una fuerza opresora que impidiera el pensamiento original.
Hoy, la tecnología ha hipervitaminado esta falla de la democracia.
Aunque parece que estamos más conectados (asociados), en realidad estamos en burbujas de eco, aislados algorítmicamente.
El asociacionismo requiere proximidad física y compromiso a largo plazo.
La era digital favorece el activismo de butaca, que tiene mucha visibilidad, pero cero capacidad de frenar al poder administrativo.
El «Estado Tutor» que describió Tocqueville es hoy una realidad tecnocrática que ha vuelto inútiles los esfuerzos ciudadanos de conseguir ser cuidados.
Vivimos un crecimiento metastático de la burocracia pública.
El sistema se ha hecho tan complejo (leyes sobre leyes, burocracia infinita) que el ciudadano común ya no puede «asociarse» para cambiar nada sin un ejército de tecnócratas; y aun así, el sistema adjetiva obscenamente al que quiere cambios.
La política dejó de ser un servicio cívico para convertirse en una carrera de supervivencia económica individual; pasó a ser la profesión bien remunerada de los ineptos.
La corrupción no es un error del sistema, sino el mecanismo de defensa de una casta política que se ha separado de la sociedad civil.
¿Por qué fallaron las defensas?
En resumen, fallaron porque el estado de bienestar, la búsqueda del progreso material a cualquier costo, terminó ganándole la partida a la libertad política.
Nos volvimos sociedades de consumidores obsesivos.
Y los que no pueden conseguirlo por las buenas, lo hacen por corrupción corporativa.
En lugar de sociedades de ciudadanos, el Estado construye esclavos del poder.
«Se puede ser igual en la servidumbre tanto como en la libertad».
Elegimos la igualdad de derechos y el confort del consumo, si no los adquirimos por el esfuerzo, la capacitación y el mérito, delegamos la «molestia» de gobernarnos a una élite que, inevitablemente, termina satisfaciendo sus propios intereses políticos y personales, como buenos ególatras.
El Estado del Bienestar ya no se puede pagar
El intento de escatimar los resultados fatídicos de la sociedad de consumo administrada por sus propios dueños (los políticos) está colapsando aún en sociedades que fueron imperiales y vivieron un siglo y medio abusando de otras.
El Problema de Fondo: La «Hamaca» Social
Bélgica ha mantenido históricamente beneficios insostenibles en el contexto actual de corporativismos en lucha:
Era el único país de la UE que permitía cobrar el subsidio de desempleo de forma indefinida.
Más de 500,000 trabajadores “fantasma” (en un país de 11.7 millones) están de baja por enfermedad de larga duración, lo que le cuesta al estado 9,000 millones de euros al año.
El 60% de los desempleados en Bélgica son de origen extranjero, con una tasa de desempleo del 16.4% frente al 4.7% de los nacionales.
El nuevo gobierno, liderado por el primer ministro Bart De Wever, ha implementado un programa “de choque».
A partir de marzo de 2026, quienes lleven décadas sin trabajar perderán la prestación de forma automática.
El objetivo es que el subsidio no dure más de 2 años, lo que de por sí es insostenible.
Se endurecerán los controles para evitar que las bajas laborales de larga duración sean un refugio para el desempleo encubierto.
Habrá chequeos periódicos y sanciones para médicos que otorguen bajas sin justificación clara.
Se planea un sistema de «bonus-malus» para incentivar a la gente a trabajar más años y penalizar las jubilaciones anticipadas sin suficientes años cotizados.
Curar a un enfermo económico terminal desde lo gubernamental choca de frente con una rebelión del corporativismo acostumbrado a vivir de lo ajeno.
Medidas siempre insuficientes para ordenar el despilfarro público, son resistidas, aunque la realidad exponga con toda su crudeza el colofón económico de una economía asfixiada.
Insoportable, particularmente, para los que castigan con mayor esfuerzo, informales (marginados de derechos laborales), indigentes que no consiguen empleo. Los que ponen su lomo para pagar los subsidios regios de estas corporaciones.
Bélgica ha vivido huelgas generales masivas y protestas sindicales que consideran la reforma un ataque a los derechos sociales. Pretenden que el Estado siga explotando para su bolsillo a los que les pagan a inservibles parásitos.
El Reto del acostumbramiento a no trabajar a costa de otros, es que el mercado laboral no podrá absorber miles de personas desentrenadas en el trabajo.
Los gobiernos no producen por decreto el bienestar, ni dan solución a los problemas que ellos mismos crean por exceso de prodigalidad.
Apenas pueden entender la realidad de empresas que cierran, e intentar corregir sus propios errores al borde de la debacle.
Será la sociedad entera la que dé la respuesta a los conservadores que quieren conservar privilegios impagables.
Bélgica es un «espejo» para el resto del mundo.
El modelo de dependencia estatal está llegando a su fin y las sociedades son responsables de recuperar la cultura del riesgo y la responsabilidad personal, antes del colapso definitivo.
Repasar las advertencias de Alexis de Tocqueville hubieran evitado una comodidad costosísima, desastre que pagarán con mucho sacrificio las generaciones supervinientes: nuestros hijos y nietos.

Este análisis forma parte del eje temático de Orden Global y Geopolítica, dedicado al estudio estratégico de las transformaciones del orden internacional.

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