Cuando el ahorro deja de financiar el gasto estatal y pasa a convertirse en patrimonio, inversión y libertad económica.
LA CAPITALIZACIÓN INDIVIDUAL COMO POLÍTICA SOCIAL
El efecto devastador de concentrar el capital en el Estado
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
El Estado no es un motor, es un ancla
¡Pero por favor, qué manera de confundir el caballo con la carreta!
Nos han querido vender, durante décadas, que el Estado es el motor del crecimiento. ¡Que si no fuera por el funcionario público, el uruguayo no sabría ni cómo encender la luz¡
¡Es un disparate monumental!
Mire, esto es muy sencillo, pero parece que les cuesta entenderlo.
La economía no crece porque el Estado gaste más; la economía crece porque la gente produce, ahorra y arriesga.
Punto.
El sistema actual, ese que tanto defienden los amigos del estatismo, los socialistas, no es más que una trampa.
Nos dicen que el sistema de seguridad y previsión social es un «logro social». ¡Mentira!
Es un esquema de transferencia donde lo que el trabajador pone hoy se gasta hoy para pagar promesas de mañana. Y nunca alcanza.
Por lo que se convierte en una espiral perversa de exacción de la plata del bolsillo de toda la gente.
Y como la población envejece y los números no dan, ¿qué hacen?
¿Recortan el gasto?
¿Se vuelven eficientes?
No, hombre, ¡cambian la regla fiscal!
Ahora ya no les importa el tamaño del gasto, o la depredación que provocan, no, señor.
Ahora se fijan en el «margen de endeudamiento».
Es como si usted, en su casa, en vez de preocuparse por cuánto gana y cuánto gasta, se dedicara a ver cuánto más le puede pedir prestado al banco.
Es el camino directo a la ruina, pero lo visten con palabras “técnicas elegantes” para que parezca una gestión moderna y es una rapiña.
La capitalización individual es otra cosa.
Es no avasallar al ciudadano ni a la propiedad de lo suyo.
¡La propiedad, eso que tanto les molesta en los demás!
Cuando usted tiene su cuenta, cuando sabe que ese dinero es suyo y que si mañana usted no está, eso le queda a sus hijos, su relación con el país cambia.
Usted ya no es un súbdito que espera a ver qué migaja le tira el Estado; usted es un accionista, y tiene la libertad de colocar el capital para vivir mejor como resultado de su esfuerzo.
Y un accionista se fija en dónde pone el dinero, exige cuentas claras y no tolera que un burócrata le malgaste sus ahorros en aventuras fiscales.
Esa es la verdadera soberanía, la que nace de la libertad y no de la dependencia.
¡Despierten, que el mundo nuevo, ese que exige que se disponga de ahorros para invertir en creación de bienes y servicios de la mejor calidad al mejor costo se nos escapa; mientras seguimos discutiendo fórmulas fracasadas del siglo pasado!
Una fábrica de esclavos dependientes de un mendrugo por todo lo que nos quitan todos los días, a cambio de perder la capacidad de ser dueños de nuestro destino.
Capitalización individual.
Propiedad y ahorro.
Estado y dependencia.
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