Fully automated container port operated by AI and robotic systems

La corrupción de Estado frente a la revolución tecnológica

La automatización y la inteligencia artificial exponen la obsolescencia estructural del Estado moderno

– La automatización como ruptura estructural del modelo estatal.
– La corrupción como ineficiencia sistémica y no solo desvío.
– La transición hacia una gobernanza algorítmica.

LAS BATALLAS ESTÉRILES
La corrupción de Estado contra la tecnología
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano

Los puertos de Qidong y la terminal de carga Yangshan en Shanghái –la más grande del mundo– son los máximos exponentes de los “ghost ports” (puertos fantasma).
En estos espacios, el trabajo humano ha desaparecido: no hay estibadores ni choferes.
Solo existe un movimiento coreográfico y silencioso de grúas y vehículos automatizados guiados por algoritmos que desplazan miles de contenedores con precisión milimétrica, en un silencio absoluto.
Cada contenedor y grúa funciona como un sensor de la internet de las Cosas (IoT).
El puerto es una red de extracción de datos que no solo mueve carga, sino que recopila cada segundo la información necesaria para predecir problemas, analizar el consumo y hallar soluciones de forma autónoma.
La IA es solo la punta del iceberg de una revolución que incluye al IoT, la robótica y la impresión 4D entre otros.
Resulta increíble que esta problemática no sea el eje de discusiones fundamentales como la reforma laboral, el costo del presupuesto público y su financiación.
Se aproxima un tsunami con olas de cuarenta metros, mientras la mayoría de los políticos sigue jugando a sostener un sistema inviable mintiendo.
Hace 40 años, Ray Kurzweil (fundador de Singularity University) y otros autores anticiparon la llegada de la Singularidad, el momento en el que nuestra especie mutará de forma definitiva.
Paralelamente, estudios de Oxford y el MIT señalaron que la velocidad del crecimiento del conocimiento se acelera de manera exponencial, advirtiendo que, en un horizonte de 10 a 15 años, hasta el 70% de los empleos actuales podrían desaparecer.
Históricamente, los grandes cambios tecnológicos crearon más puestos de trabajo de los que destruyeron.
En esta Cuarta Revolución. el cambio en el conocimiento humano es tal que se supone que podría desaparecer la mayor parte de las ocupaciones actuales.
También el costo de corrupción del sistema político que no es solamente la colusión, sino un insostenible costo de ineficiencia que traslada a cada creativo de recursos.
Es urgente adoptar medidas para que esta transformación – la más profunda desde el origen de nuestra especie – se acople a nuestro desarrollo y no nos destruya.
En el mes de febrero pasado circuló un informe del Citrini Research Center y un texto de Matt Schumer que coinciden en prever un colapso del empleo cualificado para 2028.
El anuncio generó tal volatilidad que el Dow Jones se desplomó más de 800 puntos en una sola sesión.
Lo más disruptivo es que la IA se utiliza para escribir el código de sus propias versiones futuras, aprendiendo así a programarse a sí misma.
El Informe Citrini plantea un “momento de ruptura” para 2028, año en que la automatización desmantelará empleos de “cuello blanco”, tales como analistas financieros y banqueros de inversión, ejecutivos de cuenta, desarrolladores de software de alto nivel.
Aunque se esperaba que esto ocurra en décadas, el horizonte se redujo a un margen de uno a tres años, porque todo el conocimiento tecnológico de la humanidad se está duplicando actualmente cada 12 días y cada vez los hará en menos tiempo.
Mientras TEMU logra penetrar los mercados económicos medios y bajos mediante esta reducción de costos colosal, algunos gobiernos le aplican el IVA (recaudación adicional encubierta) que cada vez aleja el consumo de esta multiplicación exponencial de producción.
La revolución tecnológica no es solo una «mejora» de herramientas; es una fuerza que está alterando la estructura misma de cómo se crea valor.
Para el sistema político, esto significa que el modelo de Estado del siglo XX (basado en burocracia física y empleo masivo) se está volviendo financieramente insostenible y operativamente obsoleto.
Si Isaac Asimov analizara esta transición —con su mezcla característica de optimismo tecnológico y sospecha sobre la fragilidad de las instituciones humanas— lo plantearía como una evolución psicohistórica inevitable.
No estamos ante una crisis política, sino ante una crisis de eficiencia termodinámica del sistema social.
El Estado es un organismo que consume demasiada energía (impuestos/recursos) para producir muy poco orden (servicios/progreso).
El Fin de la «Burocracia de Carbono»
Asimov argumentaría que el ser humano es un procesador de datos biológico, lento y propenso al error (y a la tentación de la prebenda).
El sistema político ya no puede sostener una estructura basada en «átomos» (edificios, sellos, burócratas físicos).
Por consecuencia: el tamaño del Estado se reducirá.
La Administración Algorítmica no requiere salarios, no tiene ambiciones políticas y no acepta sobornos.
El gasto público pasará de mantener personas a mantener infraestructura de datos.

Las batallas estériles, cuando las leyes chocan con la realidad.
Para Asimov, la corrupción es un «fallo de programación» en el contrato social.
Al integrar Blockchain (una base de datos inmutable) el sistema político pierde la capacidad de interpretar el gasto.
El presupuesto se convierte en un código autoejecutable.
Al no poder desviar fondos para sus «campañas» (los mecanismos de supervivencia de los políticos), se verán obligados a ser meros supervisores técnicos; o a desaparecer.
La «obra pública» deja de ser un favor para ser un resultado matemático.
Asimov predijo que las comunicaciones globales harían obsoletas las fronteras.
La tecnología crea una capa de realidad superior al territorio físico.
Si un Estado es ineficiente o corrupto, el ciudadano «emigra digitalmente» hacia plataformas o jurisdicciones más lógicas.
El Estado-Nación debe competir con las corporaciones tecnológicas.
La soberanía ya no es el control de la tierra, sino el control de la confianza del usuario.
Un Estado corrupto es, simplemente, un software que nadie quiere descargar.

¿Hacia la Dictadura del Dato o la Democracia Directa?
Asimov siempre temió que la complejidad de la tecnología superara la comprensión del ciudadano común, delegando el poder en una «casta de técnicos» (los nuevos políticos).
El cambio está determinando que la seguridad, la educación y la salud públicas dejarán de ser herramientas de control social para ser servicios personalizados por IA.
Como consecuencia el gasto público actual se vuelve tan eficiente que sobra riqueza, pero falta propósito.
El riesgo no es que el Estado sea grande, sino que sea un sistema cerrado donde el ciudadano pierda su autonomía frente a los algoritmos que gestionan su vida.
La Conclusión de Asimov:
«La corrupción es la primera señal de un sistema que se vuelve demasiado complejo para sus propios controles.
La tecnología no viene a salvar al político, viene a sustituir la fe en la honestidad humana por la certeza de la verificación matemática.»
El resumen definitivo: El tamaño del Estado se reducirá hasta ser casi invisible (puro código), y el gasto público se volverá tan rastreable como una transacción bancaria.
El político tradicional no será derrotado por una revolución, sino por su propia irrelevancia técnica.
Veremos los cambios inevitables que la tecnología va a forzar en el tamaño y el gasto del Estado.

Este proceso no es coyuntural, sino estructural. La discusión fondo es quién controla el nuevo sistema de poder. Ver más en Perspectiva Liberal.

1 thought on “La corrupción de Estado frente a la revolución tecnológica”

  1. Gustavo Formento

    De esclavos del Estado a servidores de datos que nos esclavizan ?
    El que debe cambiar y mejorar, es el ser humano hacia lo mejor, en su camino y objetivos.
    Si la IA lo ayuda será mejor ,pero si lo sustituye o suplanta ,creará nuevos desplazados, resentidos y revolucionarios ,que no descansarán hasta “desconectarla “.
    El Estado no es un ente autónomo ni autómata
    Se alimenta de quienes lo precisan y usan y se achica o agranda según el mismo precepto.
    Es solo una muestra o síntoma, de una sociedad sana o enferma.
    No su tamaño, sino su efectividad ,lo que lo caracteriza.
    Ya pasamos por privatizar o intentarlo todo y sabemos lo que luego vino .

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