Classical bust beside a lantern and books by a lake at dusk symbolizing contemplation, knowledge and subtle control of the mind

Psicopolítica: del control coercitivo a la autoexplotación

De Beria a Byung-Chul Han, la evolución del poder sobre la mente y la conducta

– El control ya no se impone, se incorpora
– El poder seduce más de lo que reprime
– La libertad convive con nuevas formas de dominio

En una nota anterior nos referíamos a la psicopolítica.
Un término aparecido en un pequeño y sustancioso libro, que hizo conocer el norteamericano Charles Stickley primero y luego su compatriota Kenneth Goff al público de su país en los 50.
Se trataba de un ciclo de conferencias dirigidas por quien fuera la mano derecha de Stalin: Lavrenti Beria (1899-1953).
El curso estaba dirigido a expertos en psiquiatría
El objeto de la actividad era entrenar a esos especialistas en técnicas para lograr el control mental de las personas.
La psicopolítica que daba definida entonces como:
«El arte y la ciencia de obtener y mantener un dominio sobre el pensamiento y las convicciones de los hombres, de los funcionarios de los organismos y de las masas, y de conquistar a las naciones enemigas por medio del control mental».
La intención era provocar un lavado de cerebro colectivo.
Lavado e infiltración
Por eso, explicaba Beria:
«Es de suma importancia que los agentes psicopolíticos se infiltren en la profesión médica».
Lo que, según sus palabras, había logrado introducir
«…en los EE. UU. los principios de Marx […] y los datos del materialismo dialéctico en los textos de psicología» para convertir al estudiante en «candidato serio a comunista militante».
En esa línea de pensamiento, el médico psiquiatra y militar canadiense Brock Chisholm (1896-1971) Director General de la OMS (1948-1953) decía:
«Para lograr el gobierno mundial, es necesario eliminar de la mente de los hombres el individualismo, la lealtad a las tradiciones familiares, el patriotismo nacional y los dogmas religiosos…».
Se cuestionó la veracidad del libro de Goff, pero sustancialmente las públicas declaraciones de Chisholm, coincidían en el objetivo.
Beria proponía un sistema de violencia en que a los adversarios considerados peligrosos había que tratarlos de dementes.
De hecho, en la URSS a los prisioneros de guerra se les sometía a procedimientos que incluían el debilitamiento físico extremo, aislamiento y desorientación, interrogatorios extenuantes, autocrítica impuesta.
Y a los que progresaban en su «reeducación», pequeñas recompensas como a los perros de Pavlov.
Los disidentes eran internados en hospitales psiquiátricos.
Se explica fácilmente: solo los dementes no disfrutaban de las delicias del paraíso comunista.
Es historia antigua, alguien podrá argüir.
Las formas de control han cambiado con el tiempo
La visión de Foucault
En 1975 Foucault publica «Vigilar y castigar».
En su trabajo sostiene que el poder ya no solo castiga, sino que administra la vida, disciplina (escuelas y hospitales forman comportamientos), y vigila, pero no porque un policía esté presente todo el tiempo, sino porque el individuo se autocontrola.
Parece de suyo que el poder cumpla con esas características, pero lo que mantiene el orden también limita la libertad.
Lo que agrega Foucault es la idea de que el poder no aparece ya concentrado, sino disperso en toda la sociedad.
Esto es, circula en las relaciones cotidianas (en la escuela, la medicina, el lenguaje).
Observa, que el control, más eficaz es la internalización de la norma por parte del individuo.
Lo que Foucalt no distingue es entre el buen y el mal uso del poder.
Los clásicos hablan del bien y la virtud, y sobre eso, el crítico francés no se expide.
Cuarenta años más tarde va a ser Byong-Chul Han quien va a retomar el tema de la
psicopolítica.
Una mirada híbrida
Observa el filósofo coreano en su «Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder», que el poder actual no reprime, sino que seduce y optimiza.
En vez de obligar, motiva.
Ya no hay vigilancia: hay exposición voluntaria.
La explotación ha sido sustituida por la autoexplotación.
La negatividad ha sido reemplazada por la positividad: «puedes hacerlo todo».
Es el propio individuo el que se muestra en Facebook adicto a los likes.
Es él mismo el que trabaja hasta el agotamiento.
El resultado se traduce en logros económicos, pero también en agotamiento, ansiedad, vacío y pérdida del sentido de la vida.
El pensador coreano nacido en Seúl, reclama una vuelta a la valoración del silencio y la contemplación, al no hacer.
Aunque no en sentido rodoniano.
Aquel «ocio» que reclama Rodó en «Ariel» apunta al crecimiento espiritual.
Han lo recomienda para evitar el burnout.
El pensador uruguayo y el coreano, en distintos siglos proponen una espiritualidad sin religión.
Desde su cómoda residencia en Alemania, donde vive desde la juventud, Han hace su resistencia al sistema escribiendo libros y cobrando regalías.
Pero la tecnología ofrece a la psicopolítica permanentemente nuevas herramientas.
Lo veremos en una próxima nota.

Continuamos este análisis en: https://perspectivaliberal.com/orden-global-y-geopolitica/

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