Profile portrait of a human figure with a technological antenna attached to the head, symbolizing cyborg identity and human-machine fusion.

Cuando el hombre deja de usar tecnología y empieza a serla

A partir de Magnífica Humanitas, el artículo examina la promesa transhumanista, la ciborgización y el riesgo de reducir la dignidad humana a materia perfeccionable.

YO SOY LA TECNOLOGÍA

Magnifica Humanitas aborda el sustrato filosófico y cultural en que viene inserta la revolución digital.
Así, hace una dura crítica al transhumanismo y al posthumanismo.
¿De qué se tratan estas corrientes ideológicas?
El transhumanismo apunta a la eliminación de la enfermedad (vejez incluida en la categoría) e incluso postula el dar «muerte a la muerte», es decir, a la búsqueda de la vida indefinida.
En 1984, el grupo musical alemán Alphaville lanzó un tema que se hizo famoso rápidamente.
Se trata de «Forever young» una canción en que el coro canta:
«¿De verdad quieres vivir para siempre?
¿Para siempre o nunca?
Por siempre joven, quiero ser siempre joven».
Siglos antes la búsqueda de la Fuente de la Eterna Juventud, y los mosquitos, desvelaban las noches de Ponce de León.
Pero la eterna juventud no significa la inmortalidad.
En la novela de Wilde, es el retrato el que envejece en lugar de Dorian Gray.
Al final, éste destruye el cuadro y sobre su persona caen todas las décadas acumuladas.
Muere como un anciano decrépito.
Fiera venganza la del tiempo…
En cambio, los antiguos taoístas no consideraban la muerte como un destino irreductible, sino como un problema técnico resoluble.
Que obviamente no encontraron.
Y tal vez allí, debería rastrearse la base filosófica del transhumanismo.
Un ejemplo de transhumanismo en la ficción es el personaje de «The six million dollar man», Steve Austin, interpretado por Lee Majors en la serie de TV difundida en la década del 70.
Con su correlato femenino interpretado por Lindsay Wagner.
La superpoderosa pareja estaba al servicio del gobierno (es, decir del «bien»).
No obstante, aparece un nuevo individuo, cuya reconstrucción costó un millón más, pero que termina por ser la contracara de estos superhéroes biónicos.
Se trata de Barney Miller, expiloto de carreras reconstruido como posible sustituto de Steve.
Pero hay un problema.
Barney no logra internalizar, que ahora es un conjunto de circuitos y se transforma en un ser emocionalmente inestable, violento, impulsivo, soberbio y paranoico.
Si bien al final los guionistas logran corregirlo.
¿Qué pasaría hoy, cuando estas posibilidades saltaron de la pantalla al mundo real?
Y a esta posibilidad es a lo que también se refiere la encíclica.
Porque esta filosofía, que aparece como tentadora, y que sienta perfectamente a la vigente concepción materialista de la vida, adquirió formas concretas al ser adoptada por los poderosos de Silicon Valley.
Desde esa mirada es que consideran prioritario desarrollar tecnologías, que permitan extender la vida del cuerpo tanto tiempo como sea posible y, a la vez, avanzar hacia la fusión del cuerpo con la máquina.
La ciborgización dejó de ser una ficción.
Empresas como Neuralink han avanzado hacia la implantación de chips cerebrales para modificar la movilidad en paralíticos.
Es icónico el caso del artista Neil Harbisson quien se considera el primer ciborg del mundo.
Nació con una incapacidad para percibir los colores, disfunción que se conoce como acromatismo.
En busca de una solución, se hizo insertar en el cerebro una antena sonocromática.
Esto es, un elemento que le permite convertir las frecuencias de luz y color en sonidos audibles.
La antena dirigida contra colores los interpreta emitiendo sonidos en frecuencia alta o baja de acuerdo con cada color.
Además, le permite ver el infrarrojo y el ultravioleta.
La antena, que también tiene internet y Bluetooth, está instalada en forma permanente, por lo que necesita dormir boca abajo o de costado.
En cambio, puede bañarse tranquilamente, porque es impermeable, aunque no sumergible.
Pero nada es perfecto…
Según la BBC, Harbisson ha declarado: «No siento que esté usando tecnología, sino que yo soy la tecnología».
Por eso, el mayor anhelo de los propulsores de esta filosofía es lograr transferir los contenidos de la conciencia a un ordenador o un robot, o a lo que la mente humana y la IA sean capaces de crear.
¿Se entiende la preocupación que trasunta la Magnifica Humanitas?
No en vano expresa que lo que se denuncia «no es el uso de la técnica en cuanto tal, sino la visión que allí subyace; si el ser humano es tratado como materia para ser perfeccionada o superada, entonces se vuelve más fácil aceptar que algunos sean considerados menos útiles, menos deseables, menos dignos».
Por eso afirma que «La inteligencia creativa del ser humano es un don que puede aliviar sufrimientos y abrir nuevas posibilidades, pero debe permanecer ordenada al bien común, a la justicia, al cuidado de los frágiles y de la creación».
Y un apunte más, que no está explícito en la encíclica, pero que viene a cuento.
La teoría queer y la teoría de género se apoyan en el trans- y posthumanismo.
¿No postulan acaso el rechazo de los modelos biológicos y naturales?
Es decir, la deconstrucción del cuerpo, so capa de que se trata de concepciones sociales y culturales que, simplemente, deben cambiarse.
Existe abundante literatura y filmografía sobre futuros distópicos posthumanos.
El problema es cuando se convierten en realidad.

Transhumanismo y límite humano
Cuerpo, técnica y conciencia
Dignidad ante el poder tecnológico

Continuar leyendo en Orden Global y Geopolítica

Apoyá la continuidad de Perspectiva Liberal

Perspectiva Liberal es un espacio editorial independiente. Si valorás este trabajo y querés colaborar con su continuidad, podés hacerlo mediante un aporte voluntario a nuestra cuenta Prex.

Cuenta Prex: 13440

Para comentar, primero necesitás iniciar sesión. Si todavía no tenés cuenta, creala en un minuto y quedás habilitado para comentar.
Crear cuentaIniciar sesión

Leave a Comment

Scroll to Top