Una alegoría sobre el castigo, la costumbre y la forma en que los sistemas de dominación logran que los propios sometidos defiendan sus cadenas.
El experimento de los monos y las bananas
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
Quizás no haya mejor manera de definir la estratificación socialista (una manera tibia de engañar del comunismo) que este experimento.
Los primeros monos y las bananas como tentación
Todo comienza cuando unos científicos encerraron a cinco monos dentro de una jaula.
Para poder realizar este experimento con monos y bananas, dispusieron en el centro de esta una escalera y encima unas cuantas bananas.
Siempre había un mono más espabilado que subía primero la escalera para coger las bananas.
Cuando eso sucedía los científicos lanzaban un chorro de agua muy, muy fría sobre los que se quedaban en el suelo.
Tiempo después los monos asumieron que entre la escalera y el agua había una correlación.
Así, cuando un mono se disponía a subir la escalera, el resto de monos le golpeaban.
Nuevos monos entran en el experimento
Este experimento con monos y bananas se repitió en diversas ocasiones, y como resultado ningún mono se atrevía a subir la escalera por mucho que las suculentas bananas estuviesen ahí depositadas.
A continuación los científicos sustituyeron a uno de los monos por otro nuevo.
Este obviamente vio las bananas y rápidamente fue a subir la escalera.
El resto le bajaron y le pegaron antes de que les lanzasen el agua fría.
Unas cuantas palizas más tarde, el nuevo mono nunca volvió a subir la escalera a por las bananas.
Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo con el que entró en su lugar.
El primer sustituido participó con especial entusiasmo en la paliza al nuevo.
Cambiaron a un tercero, y se repitió el suceso.
El cuarto, y finalmente el quinto de los monos originales fueron sustituidos también por otros nuevos.
Todos los monos eran nuevos respecto al comienzo del experimento y las bananas seguían intactas.
El resultado final
Al final los científicos se quedaron con un grupo de cinco monos que no habían recibido nunca una ducha de agua fría, pero aun así golpeaban al que intentase llegar hasta las bananas.
Asumieron que las cosas en esa jaula se hacían así.
Este es el experimento que llevado al ámbito humano desarrollan los agentes militantes de izquierda.
Nos conducen a ir naturalizando situaciones, castigos desde el poder político, que van adormeciendo la rebeldía ante lo desigual, lo injusto, lo penalmente relevante de quienes ejercen la maldad contra otros.
En esta situación calamitosa de pérdida de racionalidad, libertad de expresión crítica y adaptación a sufrir la depredación humana como parte de un sistema pervertido al que va adhiriendo una masa cada vez mayor, se expone con asombro, pero sin reacción dramática, en los sistemas opresores de dominación y transmutación psicológica, que expone la sevicia en la dominación de una casta sobre la infamada, no solamente sin reacción alguna, pasivamente aceptada, sino lo que resulta más grave aun, actuando como coautores y cómplices de cada infamia, internalizada, definitivamente, como una situación inalterable que es correcto que se perpetúe.
Lo que ha sido la historia trágica del comunismo, el socialismo, el nacional socialismo, y el fascismo, vuelven una y otra vez como Sísifo a hacernos cargar a todos la piedra de otras viejas y nuevas formas, estas si, de explotación del hombre por el tirano que adoctrina poniendo a unos contra los otros.
Obediencia aprendida.
Castigo colectivo.
Dominación interiorizada.
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