De la política al código: cómo la inteligencia artificial, los datos y las plataformas redefinen el poder y la soberanía
– Del Estado territorial al sistema digital
– Transparencia versus vigilancia
– Política o poder tecnológico
EL ESTADO CLIENTE
El triunfo final del ahorro productivo sobre el socialismo de estado
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
El Estado «Cliente».
Los gobiernos terminarán siendo simples clientes de las empresas tecnológicas para gestionar seguridad, defensa, justicia, salud y educación.
El «soberano» volverá a ser el ciudadano, con el poder del servicio personal de calidad y a bajo costo que le brindará el CEO de la tecnológica, no el presidente electo y su “barakutanga”, una comparsa de sabiondos que quiere dejar su impronta en el desbarranque nacional.
La soberanía vuelve a sus legítimos titulares que tienen vigilancia total en las decisiones por las que pagan el costo.
Mientras el Blockchain ofrece transparencia para ver qué hace el político, las plataformas ofrecen vigilancia para ver qué hace el ciudadano que pueda afectar el derecho ajeno de cumplir su programa personal de vida.
El sistema político podría aliarse con las Big Tech para sobrevivir, creando un modelo de control social estilo chino, que tarde o temprano deberá ceder a sus ciudadanos la libertad de vivir a su manera.
Mientras en el siglo XX la dimensión soberanía nacional la tenía el Estado con el control de un territorio y un poder de Defensa, en este segundo cuarto del siglo XXI el pilar de poder será de quienes accedan al control de los datos de gobernanza y a la IA para definir las mejores acciones que defiendan el verdadero interés público.
El concepto siglo XX de identidad nacional era el documento físico, la nueva identidad será digital: login/wallet.
Mientras nos precede una cultura de leyes escritas, el cambio de época se conduce por protocolos ejecutados por un código.
Mientras los ciudadanos en tiempo analógico depositamos la confianza en Instituciones y personas (que tantas veces la defraudó), la nueva confianza se basa en la inalterable criptografía y la certeza de las matemáticas.
El Ciudadano como árbitro
La ciudadanía tendrá que elegir entre seguir manteniendo un Estado analógico, caro y corrupto por inercia histórica, o, migrar hacia un Estado digital eficiente pero altamente vigilado por sus propios dueños.
Tenemos la posibilidad de exigir un Estado descentralizado (Web3) donde la tecnología sirva para transparentar la decisión política, sin sacrificar por intereses espurios la libertad del ciudadano.
El sistema político no podrá evitar reducir su tamaño; la única duda es si esa reducción será para dar paso a una democracia directa y transparente o para rendirse ante un feudalismo corporativo tecnológico.
Podemos acceder a una Constitución Digital al estilo de la «Psicohistoria» de Asimov, que debemos entenderla no como una lista de deseos morales, sino como un protocolo de ejecución técnica.
Su objetivo es blindar al ciudadano contra la entropía (corrupción) y la ambición humana, convirtiendo la administración en una serie de leyes lógicas inquebrantables.
Veamos cómo la escribe Asimov:
Título I: De la Naturaleza del Estado
Artículo 1. El Estado no es un soberano, sino un Protocolo de Servicio.
Su existencia se justifica únicamente por la optimización de los recursos públicos en beneficio del individuo.
Artículo 2. La administración pública se basará en el principio de Gasto Cero en Opacidad.
Cualquier flujo de capital que no sea trazable mediante registro criptográfico público se considerará, por definición, un acto de malversación penalmente relevante.
Título II: Los Tres Protocolos de la Función Pública
(Inspirados en las Leyes de la Robótica)
Primera Ley: Un algoritmo de gestión pública no podrá, por acción u omisión, permitir el desvío de fondos destinados a servicios básicos (Salud, Educación, Seguridad, Solidaridad con el que realmente lo requiera).
Segunda Ley: Las órdenes de un funcionario político deben ser cumplidas por el sistema, excepto si dichas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley o implican un sobreprecio respecto al valor de mercado procesado por la IA.
Tercera Ley: El sistema administrativo debe proteger su propia integridad y eficiencia siempre que dicha protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.
Título III: De la Obra Pública y el Financiamiento
Artículo 3. El Fin del «Dedo Político»:
Todas las licitaciones estatales serán gestionadas por Subasta Ciega Algorítmica. El sistema seleccionará la oferta basándose en historial de cumplimiento, calidad de materiales y costo, eliminando la intervención humana en la adjudicación.
Artículo 4. Contratos Inteligentes de Pago por Hito: Ninguna institución pública o privada recibirá fondos por adelantado.
El pago se liberará automáticamente tras la verificación digital (sensores, satélites, IoT) del progreso físico y el buen cumplimiento de la obra o servicio.
Título IV: De la Educación y la Salud
Artículo 5. Soberanía del Dato Médico:
El historial de salud pertenece al ciudadano en una red descentralizada.
El Estado solo financia el servicio; no posee la información.
El gasto en salud será preventivo, basado en el análisis predictivo de datos masivos. Artículo 6. Educación Desvinculada del Territorio: El presupuesto educativo seguirá al alumno (Voucher Criptográfico).
El ciudadano puede elegir plataformas globales de aprendizaje autónomo, y el Estado pagará directamente al proveedor de contenido verificado en los casos que el ciudadano requiera asistencia económica, rompiendo el monopolio de la educación regimentada.
Título V: De la Democracia Líquida
Artículo 7. El Voto en Tiempo Real: El presupuesto nacional no es un cheque en blanco por el período de gobierno.
Los ciudadanos podrán, mediante su identidad digital soberana, ejercer un Veto Presupuestario inmediato sobre partidas específicas que consideren ineficientes o sospechosas.
¿Cómo cambia esto el «Tamaño del Estado»?
Antes: en la era de los políticos decisores privilegiados, padecíamos auditorias humanas de sus actos, sobornables.
La burocracia era un pulpo con miles de tentáculos en departamentos y sellos.
Las campañas electorales eran financiadas por retornos de dinero privado.
El empleo público clientelísitico y la inflación y multiplicación del Estado estaba al servicio del interés político.
En el cambio de época: la auditoría de gestión se hace por un código inmutable.
Existe un único protocolo centralizado y abierto a incluir las mejoras al interés púbico que se planteen.
No hay fugas de caja pública en beneficio de prebendarios.
El empleo público es optimizado sólo por personal necesario y técnico, restringiendo la plantilla al mejor interés del servicio al contribuyente.
El Efecto Asimov
Bajo esta Constitución, el «sistema político» deja de ser una lucha de egos y poder para convertirse en un problema de optimización de software.
Si un político intenta crear un privilegio, una prebenda o favorecer a un aliado, el «sistema operativo» del Estado arrojará un Error 403: Acceso Denegado.
El tamaño del Estado se reduce a su mínima expresión física, pero su eficiencia y calidad alcanzan el máximo teórico técnico.
El poder vuelve al ciudadano, no porque el político se haya vuelto bueno, sino porque el código no le permite ser malo, ni privilegiar sus intereses personales o partidarios.
Bienvenidos a la nueva época de una democracia directa e inalterable.
Para entender cómo esta transformación redefine el poder global.
