Entre el clientelismo, la decadencia institucional y el castigo a quien rompe el sistema
– La memoria política corta como mecanismo de supervivencia del sistema
– El clientelismo como base emocional del poder
– El castigo social al disruptor que altera la estructura
¿CURIOSO NO?
Las críticas ad hominem ¿son importantes?
Entre la ficción y la realidad.
Había una vez… un país muy hermoso y muy rico.
Un país que era una delicia para la vista del turista por la variedad de lugares para ver, según los gustos de cada uno.
Un país que hace más o menos cien años rivalizaba con los Estados Unidos en muchas cosas.
Un país al que españoles, italianos, franceses y otros extranjeros más llegaban a raudales.
Pero… resulta que ese país, en lo que va del presente siglo- para no ir tanto hacia atrás- cayó en manos de un matrimonio mafioso que comenzó a robar de los dineros públicos casi a cara descubierta, teniendo por supuesto a sus secuaces que le ayudaban para ello.
Sin embargo en general la gente decía que se sentía bien, la gente que trabajaba poco o nada se entiende y a la cual no se le exigía mucho.
En determinado momento el “monarca” falleció, dicen algunas malas lenguas que en forma un tanto irregular, pero en fin, ese es (o fue) un tema jurídico-penal-forense, no corresponde ahora hablar de ello, zapatero a tus zapatos.
La “reina” quedó sola pues, aunque sólo en apariencia ya que todo un pueblo la apoyaba y curiosamente, cuántas más cosas de alto precio adquiría y lucía (carteras, calzado, etc.) más y más la adoraba.
Generosamente ella retribuía a su amado pueblo, al cual algunos engreídos llamaban “planeros”, con unas provisiones de carácter primario, un tanto elementales, en ocasiones especiales un embutido dentro de un pan, pero la gente- esa gente- se sentía cómoda porque no le exigían que trabajara para ganarse la vida.
El plan, o plancito, era seguro.
Aunque claro está, como suele suceder, en cierto momento las cosas se pusieron más y más difíciles.
Acreedores de afuera y de adentro, pelea con la gente del campo (esa que produce), ese tal organismo maligno llamado FMI apretando las tuercas y, el colmo de los colmos, ver a un sujeto en horas de la noche arrojando enormes bolsas por encima de la tapia de un convento conteniendo miles y miles de dólares mal habidos en ellas y algunas otras cosillas por el estilo, como hoteles fantasmagóricos en el sur del país abiertos pero sin huéspedes, o rutas sin terminar, hizo que las cosas eclosionaran.
Con los precios trepando por las paredes y no precisamente las de los templos, los billetes de mil pesos se convirtieron en algo con menos valor que un diminuto trozo de papel higiénico, había que salir de las casas con una mochila para cargar tanto “dinero” inútil, aunque, eso sí, los llamados (insidiosamente por supuesto) “planeros” seguían recibiendo su racioncita y para que no perdieran su adoración por ella, la “reina” puso a dedo a alguien como candidato a la presidencia, justo, pero justo, a alguien especialista en que ahora los billetes de diez mil pesos valieran menos que otro trozo de papel higiénico, ahora arrugado.
Y como causa requieren las cosas, llegó a la presidencia un individuo bastante atrabiliario, con una gran melena, que le canta las cuarenta a sus adversarios y que ahora los “explaneros”, porque les quitó su ración y tienen que doblar el lomo, lo detestan.
Tanto pero tanto lo detestan, y no solo los “explaneros” sino también algunos supuestos popes del periodismo que están en franca decadencia, que han encontrado la manera de golpearlo.
¿Cómo?
Ah, inteligentemente.
Preguntando quién pagó el pasaje de avión de la esposa de un colaborador estrecho del hombre de la melena a un balneario cercano de un país vecino, 45 minutos de vuelo a lo sumo, o sea bastante barato.
¿No es extraordinaria la democracia?
¿No es algo mágico que permite olvidar lo que pasó ayer?
¿No es algo excepcional que el voto de un llamado “planero” valga lo mismo que el del rector de una universidad?
¿Y dónde dejamos a la meritocracia?
Ah, no, eso es fascismo puro y duro, vade retro Satanás.
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