Una lectura estratégica sobre la tensión entre ideología, Estado y libertad en la evolución de los sistemas económicos modernos
– Tensión entre ideología y naturaleza humana
– Uso del marxismo como herramienta de poder estatal
– Equilibrios reales entre mercado, Estado y estabilidad social
UNDE VENIS ET QUO VADIS?
Del marxismo a la era argéntica
Invocando al obispo de Hipona la frase “Unde venis et quo vadis?» (¿De dónde vienes y a dónde vas?) resume a la perfección la inquietud existencial de San Agustín.
Quo vadis? (¿A dónde vas?)
Nuestra meta, según él, es el descanso final en la Verdad.
No vamos hacia la nada, sino hacia un reencuentro. Somos viatores (viajeros) en esta tierra, y nuestro destino es la «Ciudad de Dios».
Agustín, un hombre de una honestidad brutal, admitía que, aunque sabía a dónde debía ir, a veces prefería quedarse en el camino disfrutando del paisaje (o de los pecados de juventud).
Su «viaje» es la transición de la curiosidad por el mundo a la caridad por lo eterno.
El origen es la verdad (Dios). El trayecto: El autoconocimiento («No vayas fuera, vuelve a ti mismo; en el hombre interior habita la verdad»). El destino: la paz que supera todo entendimiento.
LA CONSTRADICCIÓN CAMINO QUE RECORREMOS
A partir de 1867 en que Karl Marx dio inicio a la primera edición de “El Capital”, las sociedades vienen oscilando en un péndulo entre los intentos de aplicación de esta teoría historicista y la libertad de mercado (producción individual y consumo).
El primer intento de aplicar la teoría marxista fue por 1871 en “La Comuna de Paris”. Un breve gobierno insurreccional que duró apenas 60 días considerado por Marx y Engel un indicio de su “revolución”.
Hasta que en 1917 la aplicación práctica del marxismo se produjo realmente en una sociedad en la que despuntaba el liberalismo. Se transformó radicalmente la estructura política del Estado con la nacionalización de la tierra y el control de las fábricas por los comités de obreros.
¿Los países socialistas lograron mejorar la condición económica de sus pueblos aplicando la teoría marxista, o fue una excusa para retrotraerlos al totalitarismo?
Esa es una pregunta que toca el «santo grial» de la historia política moderna.
Siendo sincero y directo, la respuesta corta es que no existe un ejemplo histórico puro que cumpla con todos los requisitos del marxismo simultáneamente: éxito económico bajo teoría marxista ortodoxa y ausencia de totalitarismo.
Si le pidiéramos al «Bardo de Avon» que condensara este drama de siglos entre el capital, el Estado y el hombre, probablemente lo vería como una tragedia de ambición y paradojas.
Veamos un resumen al estilo de un monólogo de Shakespeare:
El Gran Teatro del Mundo Económico
ESCENA I: El Sueño del Filósofo (Marx) «¡Oh, qué noble mente ha naufragado aquí! Prometió pan para el hambriento y cadenas rotas para el siervo, pero olvidó que el hombre, en su naturaleza caída, codicia lo que su vecino posee. Al intentar forjar un paraíso de iguales, construyó una celda de hierro donde el Rey Estado devora a sus propios hijos.»
ESCENA II: La Astucia del Dragón (China) «Ved aquí al mercader que viste ropajes de monje. Dice servir al pueblo, mas sus arcas rebosan con el oro del libre comercio. Es un centauro extraño: cabeza de Marx, pero pies de Mercurio. Ha desterrado el hambre, es cierto, pero a cambio de la lengua y el pensamiento. ¿Es libertad si el vientre está lleno pero el alma está enmudecida?»
ESCENA III: El Norteño Arrepentido (Suecia) «Este buen hidalgo quiso ser tan generoso que casi vacía sus graneros. ‘¡Demos a todos!’, gritó, hasta que el oro se tornó en humo y el buey dejó de arar. Mas fue sabio antes que necio: volvió a la ley de la tierra, dejó que el hombre labrara su propia suerte y guardó una parte para el caído. No es el cielo, pero es un hogar donde se puede dormir en paz.»
La Moraleja Shakespeariana
«El mundo es un escenario, y los sistemas no son más que actores. Aquel que ignora la libertad del individuo termina en tragedia; aquel que ignora la miseria del pobre termina en rebelión. La virtud está en el equilibrio, aunque el hombre, por su orgullo, siempre tienda a los extremos.»
Si permitiéramos que Maquiavelo entrara en la sala, dejaría de lado las rimas de Shakespeare y nos hablaría con la frialdad de quien solo entiende de poder y resultados.
Para el autor de El Príncipe, la economía no es una cuestión de justicia, sino una herramienta para mantener el Estado firme y al pueblo dócil.
Veamos su implacable balance:
El Informe de Maquiavelo: Sobre la Economía y el Trono
Sobre el error de la URSS (La debilidad de Gorbachov)
«No hay nada más difícil de manejar, ni más peligroso de llevar a cabo, que el inicio de un nuevo orden de cosas. Gorbachov fue un profeta desarmado. Intentó dar libertad de palabra (Glasnost) antes de asegurar el pan y el orden. Abrió las jaulas sin haber domesticado a las fieras. Un príncipe que debilita su propio castigo sin haber fortalecido primero su tesoro, está condenado a que sus súbditos lo devoren. Su caída no fue por el marxismo, sino por su falta de astucia para imponer la reforma con mano de hierro.»
Sobre la astucia de China (El Príncipe Moderno)
«He aquí a quien ha leído mis lecciones. El gobernante chino sabe que es mejor ser temido que amado, pero, sobre todo, sabe que no debe tocar el patrimonio de sus súbditos si quiere que lo dejen en paz. Al permitir que el pueblo se enriqueciera, el Partido compró su silencio. Han convertido la codicia individual en la muralla del Estado. Usan el capitalismo como un mercenario: lo emplean para ganar la guerra de la riqueza, pero mantienen la espada en el cuello del mercenario para que no se crea el dueño del palacio.»
Sobre la prudencia de Suecia (La República Civil)
«Los suecos son como el navegante que, viendo que su barco se hunde por el exceso de carga, arroja al mar el lastre innecesario para salvar el casco. Comprendieron que un Estado que lo da todo termina por no tener nada. Su éxito no es la bondad, es la conveniencia: un pueblo que vive bien y participa del gobierno es menos propenso a la rebelión. Han logrado lo que pocos: que el ciudadano sea socio del Estado, no su esclavo.»
La Sentencia Final del secretario Florentino
«La teoría de Marx es un hermoso poema que ignora la ambición del hombre. Por eso, el gobernante “sabio” usa el nombre de Marx para la bandera, pero las leyes de la oferta y la demanda para el cofre. Al final, no importa si el sistema es justo o injusto ante los ojos de Dios; lo único que importa es si el Estado es rico, fuerte y si el pueblo está demasiado ocupado contando su dinero como para pensar en la corona.»
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