Soviet-era soldiers loading grain sacks while civilians suffer during famine in Ukraine, historical war scene

Memoria histórica en Ucrania y defensa de la democracia

Una reflexión estratégica sobre las leyes de descomunización, el Holodomor y el dilema democrático frente a los totalitarismos

– Memoria histórica y soberanía nacional
– Totalitarismo y límites de la democracia
– Holodomor y responsabilidad histórica

Una reflexión estratégica sobre memoria histórica, lecciones del comunismo y los desafíos de proteger la democracia frente a ideologías autoritarias asegurando la libertad y los derechos humanos. – Parte 3
En notas anteriores nos planteábamos un problema de límites.
¿La democracia que prohíbe la promoción del nazismo y el comunismo o de cualquier otro sistema totalitario, ¿deja de ser una democracia?
Veamos el caso de Ucrania.
El presidente ucraniano Petró Poroshenko, había llegado al gobierno ganando las elecciones en primera vuelta con un 54,7% de los votos.
Ocupó el puesto en el mes de junio, cuando ya hacía tres meses de la ocupación de Crimea por los rusos.
No es de extrañar entonces, que al año siguiente promulgara varias leyes con claro contenido nacionalista.
«Sobre la denuncia de los regímenes totalitarios comunista y nacionalsocialista en Ucrania y la prohibición de la propaganda de sus símbolos»,
«Sobre el acceso a los archivos de los órganos represivos del régimen totalitario comunista de 1917-1991»,
«Sobre la conmemoración de la victoria sobre el nazismo en la Segunda Guerra Mundial de 1939-1945», y
«Sobre el estatus legal y la conmemoración de los combatientes de la independencia de Ucrania en el siglo XX».
Estas normas prohíben los símbolos soviéticos, denuncian el régimen comunista, desclasifican los archivos de los servicios de intelgencia soviéticos, y reconocen al Ejército Insurgente Ucraniano y a otras organizaciones como héroes de la independencia ucraniana.
«Una forma sencilla de evaluar su mérito es centrarse en si promueven dos valores claves: la libertad y la justicia», resume la revista norteamericana «Foreing Affaires» comentando la medida.
Pero no todas las opiniones han sido favorables.
Se ha encontrado oposición a estas normas dentro y fuera del país.
Se objeta que se pretende reescribir la historia.
La pregunta de rigor es:
¿De qué historia estamos hablando?
Si encontramos a lo largo y ancho del territorio ucraniano cientos de monumentos y miles de calles y caminos dedicados a la glorificación de la URSS,
¿no será imperativo reescribir esa «historia» contada a la soviética?
¿Es correcto maquillar el «Holodomor» de 1932-33?
Una hambruna en tiempos de paz (pax soviética), que según la Enciclopedia Británica costó la vida de entre seis y ocho millones de personas de las cuales las tres cuartas partes eran ucranianos
Un verdadero genocidio provocado intencionalmente.
Se fijaron cuotas tan altas de contribución de alimentos a los ucranianos, que nos les quedó lo imprescindible para subsistir.
Y la causa principal fue el proyecto de colectivización impulsado por el comunismo.
Así, las profesoras en Economía Nancy Qian y Natalya Naumenko, en su texto «La hambruna de Stalin» (voxdev.org) hacen un análisis técnico de las condiciones en que se produjo la hambruna.
Demuestran con datos estadísticos que la causa no fueron las malas cosechas o el clima, sino la política comunista.
Y sin bien, coinciden en que no existe documentación probatoria de que Stalin usó el hambre como arma contra los ucranianos, concluyen en que «el resultado sigue siendo el mismo».
Y finalizan su trabajo diciendo:
«Aunque nada puede devolver la vida a quienes murieron, esperamos que este trabajo contribuya a una comprensión más completa de su sufrimiento y, en cierta medida, a la justicia histórica».
Frente a la filosofía libresca, los discursos políticos, y las manipulaciones semánticas, la evidencia empírica es que donde se instauró el comunismo se terminó la democracia.
O la historia sirve para aprovechar la experiencia, o es un libro de cuentos para dormir a los niños.
Prohibir el crecimiento del comunismo o del nazismo, para los ucranianos, es respetar esa dura experiencia.
La cizaña que crece junto al trigo está destinada al fuego eterno, dice la Biblia.
Pero mientras es difícil discernir entre el trigo y la cizaña, no es el caso entre totalitarismo y democracia».
Dice un escritor y filósofo uruguayo siguiendo a Schmitt, «que el de enemigo es un concepto exclusivamente político», y lo es «porque [este] está juramentado a negar el derecho del otro».
Y agrega: «para un enemigo no hay otra solución que el sometimiento del contrario» (Rodolfo Fattoruso, Liberalismo Armado, Ed. Artemisa, Montevideo, 2019).
Si pensamos que los totalitarismos son enemigos acérrimos de la democracia, ¿podemos condenar a Ucrania por adoptar esas leyes defensivas?
¿Se trata de una forma de venganza, o es simplemente justicia histórica?
Mientras discutimos si es más o menos democrática tal o cual decisión, en febrero de 2022 (se cumplieron cuatro años el pasado 24) Rusia invadió Ucrania.
El presidente Putin ha señalado en distintos discursos recogidos por los medios, que el propósito de la intervención militar es «desnazificar» y «desucranizar».
Este neologismo, «desucranizar», suena sospechosamente similar a la tristemente llamada «solución final», que ya sabemos en qué consistió.
Y aunque ese sería tema para otra nota, es tan ruidoso que no se puede soslayar.

Este análisis forma parte del eje temático de Orden Global y Geopolítica, dedicado al estudio estratégico de las transformaciones del orden internacional.

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