Oil terminal at dusk with workers and industrial infrastructure, symbolizing political pragmatism and shifting ideology in Venezuela.

La moralidad de barril

Comedia venezolana en tres actos y un petrodólar

LA MORALIDAD DE BARRIL
Comedia venezolana en tres actos y un Petrodólar
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano

Hay pocas cosas tan fatales en este mundo como la sinceridad inoportuna, a menos que sea la consistencia ideológica.
Por fortuna, los trópicos y algunas dictaduras continentales siempre han sido pródigos en estadistas que entienden la política no como un ejercicio de geometría moral, sino como una bellísima y maleable obra de teatro.
Tome usted al difunto y entrañable Groucho, ese filósofo de gabardina y bigote geométrico que advertía con gracia impecable sobre la inconveniencia de tener principios fijos.
Creyó Groucho que su célebre ocurrencia era una broma privada para la platea de Broadway, sin sospechar que las altas esferas del Caribe la adoptarían como manual de gobernanza institucional.

Acto I: Del Manifiesto al Menú
Durante años, el libreto oficial exigía una escenografía de barricada: la retórica encendida contra el demonio imperialista, el repudio al capital extranjero y la soberanía recitada a gritos desde los balcones del cuartel. El socialismo parecía haber arribado al siglo XXI, pero no.
Los espectadores más ingenuos —esos seres entrañables que aún creen en la literatura de los panfletos y religiosamente saludan al líder en traje militar— aplaudían la pureza revolucionaria.
Pero el realismo tiene la desagradable costumbre de interrumpir las funciones.
Cuando las despensas están vacías y los acreedores golpean la puerta con la contundencia de un cobrador de impuestos inglés, las convicciones socialistas empiezan a perder su atractivo cromático.
Es entonces, cuando la retórica de la liberación cae en “El Helicoide”, que pasó antes de su inauguración de Shopping a matadero, que entra en escena la versatilidad pragmática.

Acto II: El Gran Trueque
Por obra y gracia de una mudanza táctica administrada con cierta contundencia por un negociador “trumposo”, el panorama se ilumina con luces de neón corporativo.
El líder otrora indomable, hoy con la agenda judicial comprensiblemente ocupada por los tribunales de ultramar, descubre que el antiimperialismo es un lujo burgués que no se puede depositar en un banco suizo.
Por otro lado, la heredera del verbo ideológico (la presirvienta, Lust dixit) protagoniza la metamorfosis más elegante del siglo: cambia el poncho del chavismo radical por el traje sastre de la diplomacia comercial, y va liberando de a poquito a los disidentes, otrora presos políticos.
¡Qué maravilla de la plástica política! Pasar de la «narco-dictadura» de barricada a una próspera y civilizada «petro-dictadura» de mercado, supervisado por sus propios contrincantes, es, sin duda, un triunfo del talento administrativo plástico sobre el pudor.
El petróleo, ese líquido espeso y vulgar, tiene la mágica propiedad de purificar los prontuarios terroristas, y disolver los discursos antisistema en un santiamén.

Acto III: El Aplauso Final
Al fin y al cabo, ¿quién es uno para criticar a un gobierno que prefiere los dividendos de un buen contrato petrolero a los sufrimientos de la pureza doctrinaria?
Los contratos se firman con tinta; la historia, en cambio, se escribe con cinismo.
El acuerdo con el “imperialismo” se celebra con la sobriedad de los grandes consorcios.
Los viejos camaradas del pasado, que venían a traer el “nuevo socialismo”, vuelven a descubrir que agota hasta el último petrodólar. Descubren que la patria no era más que un activo industrial sujeto a reestructuración de deuda.
Y el público, desde las gradas, asiste al espectáculo definitivo: el socialismo del siglo XXI convertido en un excelente negocio para las corporaciones y en una anécdota entrañable para el archivo de los cínicos.
Los que antes llevaban el libro del buen sindicalista luchador inquebrantable, y felicitaban al dictador caído, callan.
Como bien diría el viejo Groucho: estos eran nuestros principios… pero, francamente, el barril cotiza mucho mejor extraído por quien sabe mejor de negocios.

Elasticidad ideológica
Petróleo y pragmatismo
Cinismo del poder

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