Una crítica al sistema previsional desde la filosofía política y la economía clásica
– Crítica conceptual al sistema previsional estatal
– Interpretaciones desde la tradición liberal
– Consecuencias económicas y morales del estatismo
EL RITUAL DEL ESTATISMO EN SU FORMA MÁS BARROCA
Las viejas formas de robo institucional entran en crisis
El Estado es una «invisible presencia» que se apropia impunemente de recursos privados con el argumento de organizar el azar de la vida de la gente.
Borges sospecharía justificadamente de la pretensión de prever el futuro; para él, una jubilación es un intento de comprar tiempo con una moneda que se devalúa (la memoria o el peso).
Para Borges, el sistema no sería una estructura legal, sino un laberinto burocrático intencional o una ficción compartida de cobertura de una contingencia incierta.
Miraría las cajas de jubilaciones como bibliotecas donde los nombres se convierten en números y el tiempo se transmuta en expedientes eternos.
Vería la solidaridad intergeneracional como un mito circular: los jóvenes pagan por los viejos, quienes alguna vez fueron los jóvenes que pagaron, creando un tiempo infinito absolutamente ilusorio.
Mientras tanto el sistema que pretendió abastecerse para la vejez se apropio del dinero de la gente, y ahora tiene que robar, otra vez, con una doble imposición, reduciendo además prestaciones.
Es sugestivo lo exiguo de su reparto de la torta que engulló, que tiene que re repartir una miseria a la enorme mayoría, a quienes prometió sostener cuando estuvieran impedidos de trabajar.
Adam Smith: La Mano (In)visible del Estado abusador
Smith reconocería la necesidad de aliviar la pobreza extrema de la vejentud (su «sentimiento de simpatía»), pero cuestionaría las distorsiones que genera en el mercado laboral.
Las altas cargas impositivas para financiar abusadoras prestaciones a activos, y el compromiso de devolver en la previsión social, desalientan la «diligencia de los individuos».
Preferiría el sistema privado (AFAPs), pues confía más en la acumulación de capital real del individuo que lo produce, que en la promesa de un soberano de pagar deudas futuras.
Si el sistema se vuelve una carga insoportable para la actividad productiva, terminará empobreciendo a quienes intenta proteger.
Friedrich Hayek: El Camino a la Dependencia
Para Hayek, el sistema “previsional” de reparto es un ejemplo de ingeniería social que ignora el «orden espontáneo».
El Estado, al monopolizar la previsión, destruye la capacidad del individuo de planificar su propia vida según su conocimiento específico.
La «justicia social» es un concepto vacío que oculta una transferencia arbitraria de recursos del individuo al político.
Sospecha de la centralización, advirtiendo que cuando el ciudadano depende enteramente de la provisión estatal para su vejez, pierde su libertad, convirtiéndose en un «cliente» desesperado del gobierno de turno.
Ayn Rand: El Saqueo del Productor
Sería la crítica más feroz, utilizando términos como parásitos y saqueadores.
El sistema de reparto es una inmoralidad: el sacrificio del individuo productivo en favor del no productivo como excusa para financiar gasto público.
El concepto de «solidaridad» es una forma de coerción que castiga la excelencia y el ahorro personal, recaudando para la “corona”, que concede selectivamente beneficios a quienes empobrece.
Cada peso descontado de un salario para un fondo común es un robo del derecho de propiedad sobre el propio esfuerzo.
Abogaría por la privatización total, donde la previsión sea un contrato voluntario y no una imposición mística del «bien común».
Alexis de Tocqueville hablaría de: El Despotismo Suave
Tocqueville encontraría el caso perfecto de lo que él temía: la democracia derivando en un paternalismo asfixiante.
Estos sistemas han desarrollado un hipócrita amor por la igualdad y la seguridad que supera su amor por la libertad.
El Estado que «se encarga de asegurar sus goces y vigilar su suerte» hasta cuando el ciudadano es capaz de valerse por sí mismo.
Este sistema puede volver a la nación un rebaño de animales tímidos e industriosos, cuyo pastor es el Estado.
Los sistemas previsionales de reparto te quitan tu dinero hoy, financiando una elefantiásica burocracia, para devolverte una miseria cuando no puedas seguir trabajando.
Luego de que el político reconoce que es un sistema fallido presupuestalmente insoportable que castiga a la enorme mayoría de supuestos “beneficiarios”, le tira un complemento miserable, como un logro del esfuerzo de SU Estado para sostener su base electoral.
Te quiebran las piernas impidiéndote invertir tus recursos para mejorar cuando puedes mejorar, y te dan desvencijadas muletas cuando ya no puedes hacer nada por vivir mejor.
Mientras para Borges este laberinto es una ficción metafísica sobre el tiempo y el azar, para Smith es una entelequia peligrosa e ineficiente que puede sofocar la multiplicación del capital personal.
Lo que para Hayek es una arrogancia fatal de los estatistas que impide la elección individual, para Rand es un sistema de explotación contra el hombre creador.
Nadie dispone mejor del fruto de su esfuerzo que el que se sacrifica para conseguirlo; y es responsable en cada acción de su vida futura.
El Estado promete garantizar que no haya prodigalidad y es el primer “padre” pródigo.
Este análisis forma parte del enfoque sobre transformaciones estructurales del poder y la economía.
Ver más en Orden Global y Geopolítica.
