Parliament approving public spending while future generations carry the burden of rising public debt

El conflicto intergeneracional y la insostenibilidad del Estado de Bienestar

La deuda pública y la redistribución política del capital presente generan una transferencia coercitiva de recursos que compromete la libertad económica y productiva de las generaciones futuras.

– La ilusión política de financiar el presente con deuda
– La descapitalización económica de las generaciones futuras
– El conflicto moral y político del Estado de bienestar

Enancados en el concepto de que la sociedad liberal le quita a los pobres para que otros se enriquezcan, perviven conceptos de izquierda de redistribución de unos a los otros, que promovieron el llamado “ESTADO DE BIENESTAR”.
Ese concepto que se ha demostrado fatal para la generación presente ataca también a la futura, derivando en el colapso productivo, económico, y social, que le quita el capital reproductivo a los que tienen capacidad y condiciones de hacer crecer la economía, entregándoselo a políticos y burócratas que muerden de ese capital con abuso de poder.
En la economía política asistimos al conflicto intergeneracional y la insostenibilidad de un “Estado de Bienestar” que impide ordenar el presente e hipoteca el futuro.
Desde la óptica de Friedrich Hayek (liberalismo clásico/escuela austriaca) y Ayn Rand (objetivismo), el diagnóstico es severo.
Ambos verían el endeudamiento actual y el consumo de capital no como un accidente, sino como la consecuencia lógica de abandonar principios económicos y morales fundamentales.
Friedrich Hayek: El camino de la servidumbre intergeneracional
Para Hayek, el problema principal es la distorsión de la estructura de capital y la arrogancia de la planificación central.
La fatal arrogancia de que los políticos saben aplicar mejor el capital que quien vive, se sacrifica y arriesga el propio todos los días.
La ilusión de la deuda solución: Hayek argumenta que el gasto público financiado con deuda es una forma de «pretensión de conocimiento» para asignar desigualmente recursos por quienes gobiernan, demostradamente fracasada.
El Estado intenta estabilizar el presente manipulando el crédito, lo que destruye las señales de precios que los jóvenes necesitan para planificar su futuro.
La erosión del Estado de Derecho: Para él, una sociedad libre requiere normas generales y abstractas, no privilegios y prebendas.
Cuando una generación vota para que le otorguen beneficios que no puede pagar, está creando una «legislación de privilegios» que esclaviza legalmente a los que aún no han nacido.
Al consumir hoy recursos que deberían ser ahorrados e invertidos, impide que las generaciones futuras tengan las herramientas (capital) para producir su propia riqueza.
No es solo que les quitemos dinero; al adelantar la descapitalización de recursos endeudándonos en lugar de ajustarnos a la realidad actual, les quitamos la capacidad de progresar.
Ayn Rand: El canibalismo moral del colectivismo
Rand lleva el análisis al terreno de la ética y la metafísica del derecho.
Para ella, la redistribución de capital bien ganado es un acto de «saqueo» institucionalizado.
Rand define a la generación que vive a costa de sus hijos como una clase de «saqueadores intergeneracionales» (moochers).
En su filosofía, nadie tiene derecho a imponer obligaciones no deseadas a otros.
La virtud de construirse a sí mismo mediante el esfuerzo, la capacitación y la construcción de nuevos recursos mediante el ingenio es el premio merecido de quien triunfa en la vida.
El gasto impropio y la deuda pública multiplicada por el “redistribuidor”, es, esencialmente, una hipoteca sobre el trabajo futuro de personas que no dieron su consentimiento y pagarán las consecuencias.
El sacrificio del futuro construye una pobreza impropia por decisión política.
Altruismo demagógico mal entendido.
El Estado justifica el gasto hoy «por el bien común» de los que él selecciona.
Rand dice que ese «común» es un mito que encubre el sacrificio de los individuos más capaces y jóvenes, en favor de un presente estancado y dependiente que es obligación y condición de la generación actual encarar y resolver.
La destrucción del valor presente es consecuencia de recursos mal asignados por el político y el burócrata, un costo abusivo, la ignorancia de todos los factores inherentes a la producción y las prioridades reales de una sociedad para que haya crecimiento y mejora colectiva.
Al gravar el éxito futuro para pagar el consumo selectivo presente, están castigando la virtud de la productividad.
Es una rebelión contra la realidad: vivir hoy como si el mañana no tuviera que ser ganado, con el castigo adicional de una deuda intergeneracional.
Es en síntesis un “esquema Ponzi” institucionalizado que permite que el salario y el emprendedurismo futuro tenga que asumir las veleidades del “redistribuidor” o “inversor” político presente; que no sabe, no quiere o no lo dejan ordenar la economía, y abusa trasladando a otros a futuro esa carga infame.
Para Hayek es un “error de cálculo y de planificación central”; para Rand, una “inmoralidad y la violación de derechos individuales”.
La deuda pública es un mecanismo que falsea la economía presente; y un robo a mano armada a la indefensa niñez y juventud futuras.
La consecuencia inevitable de pretender resolver el estancamiento presente de su responsabilidad, con un estancamiento mayor futuro, que conlleva la pérdida de libertad, destrucción del espíritu humano y de la razón.
Hayek exige el retorno al ahorro de recursos individuales y estrictas reglas fiscales. Un cinturón que impida malgastar al sistema político trasladándolo a otros.
Rand, por su parte, exige el reconocimiento de que el individuo no es un medio para los fines de otros.
Ambos coincidirían en que estamos viviendo una tragedia temporal de los comunes, tratando el futuro de nuestros descendientes como un recurso propio, actual, inagotable y gratuito, cuando en realidad es el capital que debería permitirles ser libres.
«No hay diferencia entre abusar del consumo de capital por parte de un individuo o por parte de una nación, excepto que el segundo es un suicidio más lento».

Este análisis forma parte del eje temático de Economía y Empresa, dedicado al estudio de los fundamentos económicos, institucionales y productivos que condicionan el desarrollo de las sociedades libres.

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