Baltic nations rejecting Soviet communism symbolized by broken hammer and sickle and flags of Estonia Latvia and Lithuania

Memoria histórica y defensa democrática en los países bálticos

Estonia, Letonia y Lituania han adoptado leyes para impedir el retorno simbólico del comunismo y proteger su soberanía frente a amenazas autoritarias.

– Memoria histórica como herramienta de defensa democrática
– Prohibición de símbolos totalitarios en los países bálticos
– La tensión entre seguridad nacional y libertades democráticas

Una reflexión estratégica sobre memoria histórica, lecciones del comunismo y los desafíos de proteger la democracia frente a ideologías autoritarias asegurando la libertad y los derechos humanos.
Parte 4
DURMIENDO CON EL ENEMIGO
No es casualidad que las primeras victimas sean habitualmente las más cercanas al agresor.
Y como ocurre con las personas ocurre con los países.
No es sorprendente, si pensamos que los países estan gobernaos por personas.
Así, derrotados los alemanes en la GM II, la expansión comunista convirtió a los países bálticos en satélites de su esquema imperial.
Estonia
El pacto Ribbentrop-Molotov de 1939, por el que nazis y comunistas se repartían algunos territorios terminó con la anexión soviética de Estonia, Letonia, Finlandia y Lituania.
En julio del 40 Estonia, muy a su pesar, fue forzada a anteponer a su nombre la denominación de República Socialista Soviética.
Ese extraño e impuesto maridaje provocó que de inmediato empezara a sufrir los males del comunismo, colectivización forzosa, adoctrinamiento constante, y las consabidas deportaciones sin proceso ni condena, aunque sí con pena.
Cuando los alemanes atacaron la URSS y ocuparon Estonia, los sufridos habitantes no tardaron en comprender que solo habían cambiado de dueño.
Ahora los disidentes terminaban en los campos de concentración nazis.
En el 44 volvieron los soviéticos y el arresto y consiguiente desaparición de los sospechosos de colaborar con los nazis.
Recién en agosto de 1991 se produjo una nueva declaración de independencia, que la delicuescente URSS reconoció dos semanas después.
Con muchos años de influencia soviética, como sucede en todos los lugares donde esta se ha ejercido en forma directa durante mucho tiempo, los estonios abordaron la necesidad de fomentar su nacionalismo.
Por ejemplo, el Código Penal establece en el Art.150 que:
«La exhibición pública de un símbolo relacionado con la comisión de un acto de agresión, genocidio, crimen contra la humanidad o crimen de guerra de una manera que apoye o justifique estos actos es punible».
En 2023 se estableció que:
«La parte visible al público de un edificio, así como de un monumento, escultura o estructura expuesta públicamente, no debe incitar al odio, ni apoyar o justificar un régimen de ocupación, acto de agresión, genocidio o crimen contra la humanidad o crimen de guerra».
Es decir que un edificio no puede lucir el símbolo de hoz y martillo integrado en la fachada.
Y por cierto, las estatuas de Lenin y su sangriento sucesor fueron retiradas del espacio público y trasladadas al llamado cementerio de estatuas soviéticas, ubicación más discreta.
Otros monumentos se derivaron a los museos
Es claro que estas disposiciones están relacionadas con la situación de una Ucrania agredida, y la intención de evitar que los lugares donde estaban emplazados los monumentos se convirtieran en sitios de culto para nostálgicos
Lituania
La situación lituana no es muy diferente.
Si bien es cierto, que el partido comunista está prohibido desde 1991, lo que marca una diferencia de grado con Estonia.
Desde 2008,
«Se prohíbe la distribución, el uso en reuniones u otros eventos de masas, o de cualquier exhibición pública de:
Banderas y escudos de la Alemania nazi, la URSS o la RSS de Lituania, así como banderas, insignias y uniformes cuyas partes contengan símbolos nazis o comunistas».
Así como sus símbolos y sus himnos.
Las sanciones consisten en multas que van de los 300 a los 1300 euros.
También se prohíbe el uso de las «cintas de San Jorge», asociadas con los separatistas prorrusos y las letras Z y V usadas como símbolo del apoyo a la invasión rusa de Ucrania.
Letonia
Igual que sus vecinas, Letonia proscribió el partido comunista desde 1991.
Mientras que la exhibición de simbología nazi-comunista fue prohibida en 2013.
El texto legal es similar al de los lituanos, pero agrega que ni siquiera se puede usar esa simbología «de forma estilizada», lo que abre un ancho campo a la interpretación.
La ley también establece que se prohíbe:
«Realizar actividades que promuevan la ideología nazi o comunista, o que inciten el odio, la violencia o la discriminación».
En 2022 ampliaron la prohibición a los símbolos Z y V.
Las multas van desde los 400 euros para las personas hasta los 3200 para las personas jurídicas.
Como se ve, los países bálticos, que constituyeron el colchón con que los rusos pretendieron protegerse de la irrupción del algún corso o austríaco con pretensiones, siempre tienen presente la amenaza de la invasión.
Saben que serán las primeras víctimas de la locura de una guerra que no descartan.
En un mundo que despierta todos los días cada vez más convulsionado, todas las precaciones resultan pocas.
La afirmación de que la historia es cíclica se ha reiterado por autores de diversas culturas.
El español George Santayana ha escrito:
«Quienes no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo».
Y estos pueblos claman al cielo para que esa historia no reincida.
Pero a la Providencia hay que ayudarla.
Entonces, ¿dejarán de ser democracias porque adoptan medidas para defenderse?

Este análisis forma parte del eje temático de Orden Global y Geopolítica, dedicado al estudio estratégico de las transformaciones del orden internacional.

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