Human embryo at early gestational stage inside the womb with visible umbilical cord

Sobre Hipócrates e hipócritas

La tensión entre legalidad, legitimidad y ética médica en el debate contemporáneo sobre el aborto

– Legalidad y legitimidad de la norma
– El conflicto entre ética médica y legislación
– Derechos humanos, autonomía y vida en gestación

SOBRE HIPÓCRATES E HIPÓCRITAS
En notas anteriores nos preguntábamos si en los países donde está prohibido habría llegado el fin del comunismo.
En República Checa la norma en cuestión, ha sido aprobada por mayoría.
Quiere decir que, aunque no hubiera en esos momentos legisladores comunistas porque no tenían representación legislativa, no todos compartían esas drásticas medidas.
Es sabido que la legalidad de una norma no asegura su bondad.
La ley adquiere legitimidad cuando se ordena a la justicia y al bien común, dice Aristóteles trescientos cincuenta años a.C.
Concepto que desarrollará Sto. Tomás de Aquino en el siglo XIII agregando que la legislación debe obedecer a la Ley Natural y, consecuentemente, a la Ley Divina.
La normativa actual se aleja cada vez más de esas exigencias.
Es frecuente el dictado de disposiciones legales que claramente contradicen su legitimidad.
Las leyes que legalizan el aborto por la sola voluntad de la mujer son un claro ejemplo.
Así, en Uruguay, el entonces presidente Dr. Tabaré Vázquez vetó en 2008 un proyecto de ley remitido por el parlamento uruguayo despenalizando el aborto.
El argumento principal esgrimido es que no se puede «desconocer la realidad de la existencia de vida humana en su etapa de gestación».
A ello se agrega «el deber de proteger a los más débiles».
«Porque, dice, el criterio no es ya el valor del sujeto en función de los afectos que suscita en los demás, o de la utilidad que presta, sino el valor que resulta de su mera existencia».
¿Quién más inocente, débil e indefenso, que un niño en el vientre de su madre?
https://archivo.presidencia.gub.uy/_web/proyectos/2008/11/s511__00001.pdf (texto completo).
En 2012, los argumentos esgrimidos por el Dr. Vázquez, que como médico sabía muy bien de lo que estaba hablando, seguían en pie.
La ciencia tenía cada vez más claro que se tratade una vida humana y no de un forúnculo.
Y esa vida humana seguía siendo tan digna de protección, por inocente, débil e indefensa como siempre.
Pero el presidente Mujica, que no era médico precisamente, no vaciló en firmar lo que entonces se convirtió en Ley.
Según la norma, el aborto está exento de pena si se produce antes de las doce semanas de gestación.
El bebé que ilustra esta nota tiene seis semanas.
El actual gobierno de izquierda pretende llevarlo a las catorce semanas.
Mientras tanto, en Uruguay hay más muertes que nacimientos.
Según informa el Ministerio de Salud Pública, entre 2021 y 2024 se realizaron 42.746 abortos.
La norma padece de la misma ilegitimidad que tenía unos años atrás, pero el estado hace obligatoria su aplicación y las instituiones deberán hacerla cumplir.
Si un médico interpone una objeción de conciencia, deberá asignarse otro que no la tenga (la conciencia).
Es que muchos médicos creen que acatando la ley hacen añicos su código hipocrático.
Medio milenio antes de Cristo el código de ética establecido en el Juramento Hipocrático comenzaba:
«Juro por Apolo médico, por Esculapio, Hygia y Panacea, juro por todos los dioses y todas las diosas, tomándolos como testigos, cumplir fielmente, según mi leal saber y entender, este juramento».
Y entre a lo que se comprometía a cumplir fielmente, estaba:
«Jamás daré a nadie medicamento mortal, por mucho que me soliciten, ni tomaré iniciativa alguna de este tipo; tampoco administraré abortivo a mujer alguna. Por el contrario, viviré y practicaré mi arte de forma santa y pura».
La piqueta fatal del progreso hizo desaparecer el juramento y el concepto.
Ahora rige el texto aprobado en Ginebra.
Ya no es un juramento por los dioses, sino una promesa de honor.
Lo más aproximado al claro texto original es el compromiso de:
«No emplear mis conocimientos médicos para violar los derechos humanos y las libertades ciudadanas, incluso bajo amenaza…».
No obstante, algo de apariencia inocente como la obligación de:
«Respetar la autonomía y la dignidad de mi paciente», viene a agregar una via para aggionarse a los tiempos, a los lobbies y a la Organización Mundial de la Salud.
El problema se plantea entonces en definir qué se entiende por «derechos humanos» y por «libertades ciudadanas».
Si es que existe un derecho a la mujer a abortar el hijo que ha concebido.
O si el concebido tiene derecho a la vida.
Y aquí aparecen las organizaciones como Amnesty International a argüir que el derecho a decidir la continuación o no de un embarazo es consecuencia de la «autonomía y derecho del cuerpo».
Otros agregan que es un beneficio porque, aunque el aborto esté prohibido se hace igual, y entonces, se reduce el daño autorizándolo.
Ese peligroso argumento podría terminar legalizando la pederastia: aunque está prohibida, se hace igual.
O el tráfico de órganos.
Y no digo la droga, porque está ya liberalizada en muchos países gracias a argumentadores semejantes y a políticos serviciales.
En 2021 el gobernador deTexas cuando promulgó la Ley de Latidos del Corazón dijo, ante el plañidero clamor de Planned Parenthood:
«Nuestro Creador nos concedió el derecho a la vida y sin embargo, millones de niños lo pierden cada año debido al aborto. En Texas, trabajamos para salvar esas vidas».
Si late, vive.
El ejemplo no tiene relación directa con la ley checa prohibiendo la propaganda comunista.
Pero preguntarse si una ley que autoriza el aborto es o no legítima, puede ser un buen ejercicio.
Tal vez no podamos hacer mucho para evitarla, aunque sería una buena oportunidad para desarrollar nuestro sentido crítico.
Porque el sentido crítico es lo que nos diferencia de los borregos.
Y si no lo usamos nos pareceremos mucho a esos ovinos, aunque hablemos un lenguaje distinto.

Este análisis forma parte del enfoque estratégico sobre poder, normas y orden global. Podés ver más en la categoría Orden Global y Geopolítica.

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