De Lasch a Le Goff, una lectura crítica sobre el abandono del obrero, la captura moral de las élites y la fabricación cultural del nuevo sentido común.
Christopher Lasch (1932-1994) fue un sociólogo e historiador norteamericano de izquierda, profundo crítico de la mutación marxista posterior a la caída del comunismo.
Observa que el marxismo viró del culto del trabajo y la solidaridad comunitaria, a temas como la liberación personal, el estilo de vida y la autorrealización.
El feminismo, con la incorporación de la mujer al ámbito laboral, terminó
promoviendo una gran ventaja para el capitalismo.
En primer lugar, significó una mayor oferta de trabajo, con la consecuente disminución del salario. Además, aportó millones de nuevos consumidores independientes.
Por algo el mayor porcentaje de la publicidad comercial está dirigido a la mujer. Basta ser un televidente atento para comprobarlo.
Otro aporte del feminismo progresista, es la destrucción de la vida familiar por la, muchas veces inevitable, cesión de la educación de los hijos al estado o a las guarderías privadas.
Y esta situación genera, a su vez, la disyuntiva de tener hijos para que los críen otros, o directamente no tenerlos.
O la mucho peor de abortarlos.
Por eso la propuesta woke, incluye entre sus reivindicaciones el derecho de la mujer a su cuerpo.
Lo que es un eufemismo para designar al aborto, que no es la interrupción voluntaria de un embarazo, sino de una vida humana.
Sectores de la población actual, que parecen más preocupados de los animales que de las personas, ven la consagración de estos «derechos» por el estado, como un signo de progreso en el sentido de mejoría.
Con el consecuente descenso de la natalidad.
¿Cómo explica Lasch la adopción del discurso woke por las corporaciones?
Dice, que como las élites gerenciales e intelectuales controlan las universidades, los medios de comunicación, y también las corporaciones, adoptan el lenguaje woke como un distintivo de superioridad moral hacia un pueblo, que ven como atrasado, machista y tradicional.
La llamada corrección política sería entonces una herramienta de control de clase.
Por eso, entiende Lasch, que la izquierda empezó a hablar un lenguaje moral lejano al de la mayoría de la población.
Por su parte, el filósofo y sociólogo francés Jean-Pierre Le Goff (1949- ) define el Mayo de 1968 como el laboratorio donde el marxismo abandonó al obrero fabril y adoptó el hedonismo y el individualismo expresivo.
El marxismo conservó, después de la caída del socialismo real su materialismo ateo y lo canalizó hacia una sociedad laicizada y hedonista, que destruyó los conceptos de familia, de religión y de patria, porque son vistos como obstáculos para la emancipación total del individuo.
¿Cómo este lenguaje de torre de marfil, desciende a las personas corrientes, aquellas que se manejan con el sentido común?
Personas como usted y como yo.
Este es un proceso bien interesante, porque implica una conjunción de diversos factores.
El producto de la intelligentsia universitaria, obviamente solo circula en primera instancia entre los ámbitos académicos.
De allí permea hacia las ONGs, la ONU, las fundaciones, los sistemas educativos…
Y como señala Lasch, las élites intelectuales controlan los medios de comunicación.
El cine y la TV con sus series (Disney, Netflix, Amazon…) la publicidad comercial, las redes sociales, las estrellas de cine que enseñan orgullosas sus hijos trans o hacen campañas a favor del aborto, los conductores de programas informativos, los lobbies…
Todos parecen empeñados en negar los fundamentos tradicionales de la Civilización Occidental.
Cualquiera que vea con ojo crítico las películas de hoy día, apreciará que en la casi unanimidad de los planteos es una mujer el personaje principal.
Solteras, divorciadas con hijos a los que desatienden por cumplir con sus funciones policiales, casadas con maridos que se quedan a cocinar, lesbianas…
Generalmente tienen un compañero (que puede ser gay) que generalmente no le cree, y un superior, que nunca le cree.
Pero ella tiene razón, y al final, el problema se resuelve porque ella con su constancia, su fe perseverante combinada con una clara inteligencia encuentra la solución.
Muchas veces el superior que nunca le cree, es el responsable o está implicado de algún modo en la maniobra dolosa.
Si algún personaje masculino obtiene algo de éxito, es porque ella lo ilumina. Además, comúnmente el gobierno está implicado en el problema, ya con una organización secreta con un plan siniestro, o directamente responsabilizando al presidente.
¿No contienen en una hora y media o dos, todos los ingredientes de la cultura que se nos quiere imponer?
Porque como bien señala Brivael le Goff, para el wokismo, «toda jerarquía es sospechosa, toda institución es opresiva, toda norma es violencia, toda identidad es construida...».
El wokismo opera como lenguaje moral de élite.
La cultura popular transforma ideología en sentido común.
Medios, universidades y corporaciones difunden nuevos arquetipos sociales.
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