La partidización de la enseñanza pública uruguaya convirtió la educación en un territorio de disputa ideológica y dejó pendiente la defensa efectiva de la laicidad.
El gramscismo aplicado a los distintos ámbitos de la sociedad y particularmente a la educación pública, empezó a dar réditos electorales en Uruguay.
Primero fue el departamento de Montevideo el que cayó en manos de la izquierda.
Y luego su vecino, Canelones
La explicación es sencilla: la zona de la capital sumada al departamento de Canelones concentra cerca del 60% de la población del país.
Allí son fuertes los sindicatos y la Universidad encuentra su principal masa nutricia.
Así, Montevideo es gobernada desde 1990 por la izquierda. Y no es raro que muchos izquierdistas se jacten de que, aun cuando pusieran de candidato a Intendente a una heladera, lo votarían igual.
El Carnaval es otro espacio habitualmente copado por la izquierda.
En el correspondiente a febrero de 2026, la murga «Cayó la Cabra» emitía en sus canciones duras críticas al Intendente Bergara, electo por la coalición de izquierdas denominada Frente Amplio (FA).
Se referían a la basura, a las veredas todas rotas, a la situación de «supervivencia» en que se encuentran las mujeres, que deban transitar por las calles céntricas de Montevideo en horas de la noche; a la falta de iluminación…
Con un estribillo en que repetían «le «ganamo» igual».
Porque, decían: «ganarle a la Coalición [Republicana] / nos desborda de alegría / como desborda [de basura] / el contenedor».
La murga, que como la mayoría de esos conjuntos tiene una orientación de izquierda, trasunta una crítica bastante ambigua.
Son absolutamente verídicos todos los ítems que enumera.
Como también es cierto que ganarle a la Coalición Republicana que aglutina, a blancos colorados y otros partidos, los desborda de alegría.
Y ese es el problema de fondo.
Está tan bien estructurado el lavado colectivo de cerebro que se vota con un criterio de hincha de fútbol: lo importante es ganar.
Que sea con un gol hecho con la mano no es relevante, siempre que sea la mano izquierda.
Un intento legal
Es difícil contrarrestar esa forma de «pensar».
Porque la batalla es cultural. No se trata simplemente de ganar, sino de ganar pero, ¿para qué?
No puede ser para presentar las mismas propuestas, pero con desodorante.
Ni para perpetuar familias en el gobierno.
Un intento de neutralizar la partidización de la enseñanza fue presentado en febrero de 2015 por el legislador colorado y abogado Pedro Bordaberry.
En ese año comenzaba su segundo período presidencial el Dr. Tabaré Vázquez (FA).
El proyecto de Bordaberry cursado en ese contexto podría calificarse como testimonial.
Seguramente no obtendría las mayorías necesarias para su aprobación, pero era una iniciativa original.
La afirmación de que «Una educación pública laica es un requisito republicano básico…», encabezaba la fundamentación.
Reclamaba «una enseñanza pública neutral y respetuosa de las diferentes vertientes de ideas y credos que existen en el país».
Porque, «La enseñanza debe ser un campo ajeno a las luchas partidarias, tal como lo fue en el país del éxito, que fue capaz de construir un “Estado de Bienestar”».
Decía, aunque debería usarse el tiempo pasado del verbo, «que la tolerancia y el respeto por las diversas posiciones e integración de las diferentes vertientes de pensamiento constituyen uno de los rasgos que mejor nos caracteriza como Nación».
Y agrega que «Hemos sido capaces de concebir una sociedad igualitaria en que encuentran su espacio, en igualdad de condiciones, las diferentes posturas que se pueden sostener sin menoscabar el valor de las visiones diferentes».
La neutralidad pendiente
«En las antípodas se encuentran los regímenes excluyentes, en los que existe una sola posición, la oficial, y donde los disidentes aparecen aplastados por una estructura arraigada en la burocracia estatal que proclama la postura uniforme que es la única que goza con el beneplácito oficial.
El derecho público patrio consagró a partir de la Constitución de 1918, la neutralidad del Estado en materia religiosa, principio que cabe mantener, extendiéndolo respecto del proselitismo en otras áreas, como, por ejemplo, la de la propagación de las ideologías políticas.
Cuando, de ese modo, se pone en entredicho la debida neutralidad en la actividad pedagógica de cargo del Estado, se debilita uno de los mejores rasgos de la convivencia nacional».
Proponía la creación de un «Consejo de Laicidad» con cinco miembros: uno designado por el Ministerio de Educación y Cultura que lo presidiría; uno por las Universidades públicas, uno por la Administración Nacional de Educación Pública, uno por los centros educativos privados habilitados de educación inicial, primaria y media y otro por las Universidades Privadas autorizadas por el Ministerio de Educación y Cultura.
Este colegiado tendría la misión de velar por el cumplimiento del mandato constitucional.
Por supuesto que la idea no cuajó.
Pero en 2021, durante el gobierno del Dr. Luis Lacalle Pou que interrumpió el dominio marxista, lo volvió a presentar.
El éxito electoral se obtuvo suscribiendo un acuerdo, que conciliaba una serie de puntos compartidos por el Partido Nacional, el Colorado, el novel Cabildo Abierto, el Partido Independiente y el Partido de la Gente.
Seguramente el legislador proponente entendía que ahora sí, encontraría terreno fértil para su iniciativa.
En una próxima nota seguiremos este desarrollo.
Gramscismo y hegemonía cultural
Partidización de la educación pública
Laicidad y neutralidad del Estado
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