Korean War tanks advancing through destroyed battlefield village

Corea, la guerra sin fin

El armisticio de 1953 congeló el conflicto, pero la tensión estratégica entre Norte y Sur sigue intacta.

– La división geopolítica de Corea
– Un conflicto suspendido

Cuando cursábamos la educación secundaria en el liceo «Joaquín Suárez», los estudiantes mayores nos transmitieron un cántico, que servía para alentar al equipo del liceo cuando competía en algún torneo deportivo.
El estribillo, era más o menos así:
«Vea, vea,
Vea y no lo crea
Que al Suárez no lo paran
Ni los tanques de Corea».
Al comienzo de la década del 60, la arenga tenía sentido, aunque la mayoría de nosotros no teníamos mucha idea de a qué se refirieran esos tanques de la canción que habíamos heredado.
«In illo tempore», no había la abrumadora cantidad de (des)información que hoy nos inunda por la TV y las redes sociales.
Pero la guerra de Corea había terminado hacía solo siete años
Cuando finalizada la GM II comenzó un nuevo reparto del mundo, la avidez de los ganadores en reclamar el botín no solo afectó a Europa.
In partes duas
La península de Corea quedó partida: el Norte bajo influencia soviética y el Sur, norteamericana.
La decisión política tuvo su formalización institucional cuando tres años después de finalizada la contienda mundial se formaron dos estados.
Al Norte, uno curiosamente denominado República Popular Democrática de Corea (que de democrática nunca tuvo nada).
Al Sur, la República de Corea.
Pero el líder norteño Kim Il-sung quiso imitar la guerra civil norteamericana.
Una conflagración donde el Sur fue derrotado y absorbido.
Suele afirmarse que la motivación del conflicto fue el deseo norteño de liberación de los esclavos-
El propio Abraham Lincoln escribió al editor del «New York Tribune» que lo criticaba por no promover con mucha voluntad el tema de la liberación de esclavos, que:
«Si pudiera salvar la Unión sin liberar a ningún esclavo lo, haría; si pudiera salvarla liberando a todos, lo haría…».
Sin perjuicio de la liberación, el objetivo presidencial era la Unión.
En Corea, el Norte comunista quería las dos cosas: unificar la península y liberar a sus sufrientes compatriotas sureños de las garras del capitalismo.
Pisando el paralelo 38
El 24 de junio de 1950 se daba inicio en Brasil el campeonato mundial de fútbol.
Al día siguiente, en una lejana península a dieciocho mil km de distancia, tropas norcoreanas cruzaron la línea fronteriza.
La guerra había comenzado.
Los agresores contaban con el apoyo de las fuerzas de Mao y Stalin.
Los sureños eran sostenidos por EE. UU. en una coalición con otros dieciséis países.
Mientras los tanques a que aludíamos en la canción estudiantil empezaban a rodar, otros «orientales» (estos, de la República Oriental del Uruguay) ajenos al drama distante, levantaban en triunfo la copa «Jules Rimet».
Como diría Gardel, mientras la península se llenaba de ojos cerrados, «el mundo sigue andando».
El comandante de las tropas de la ONU era el famoso general Douglas MacArthur (1880-1964).
El militar no completó un año en el cargo cuando fue relevado por el presidente Truman.
El general Matthew Ridgway lo sustituyó, pero fue su par Mark Clark quien terminó firmando el armisticio el 21 de julio de 1953.
Por el documento, se crea una zona desmilitarizada de cuatro km que separa como un costurón las dos Coreas.
Comunismo, ¿no?
Desde el nacimiento de la República de Corea rige la Ley de Seguridad Nacional.
La norma es clara en su espíritu, aunque la redacción de algunos conceptos ha merecido la observación de una ONU, que desde un tiempo a la fecha se ha dedicado a hacer recomendaciones, elaborar manuales de género, y a promocionar el aborto, pero no ha evitado ninguna guerra.
El Art.7 de la norma dice que:
«Toda persona que elogie, incite propague las actividades de una organización antiestatal, de sus miembros o de una persona que reciba instrucciones de dicha organización, con el conocimiento de que ello puede poner en peligro la existencia y seguridad del Estado o el orden democrático liberal, será castigada con una pena de prisión de hasta siete años».
Agrega:
«Toda persona que fabrique, importe, posea, transporte, distribuya, venda o adquiera documentos, dibujos u otros materiales expresivos con el fin de cometer los actos previstos…» más arriba, será castigada con una pena similar».
¿Y dónde menciona al comunismo o a Corea del Norte?
Lo evita expresamente, entendiendo que la otra Corea es fruto de una usurpación y no la reconoce.
Se trata de una organización antiestatal, porque la verdadera Corea, entienden, debe ocupar toda la península.
En declaraciones hechas en febrero 2026, el nieto de Kim, ahora Líder Supremo, reclamó ante al congreso de su partido, el derecho legal a destruir al Sur si su seguridad es amenazada.
Reiteraba así su declaración de 2024 donde definió a Corea del Sur como su «enemigo principal».
En suma: la guerra no terminó para ninguna de las partes.
Allí, el «peligro» real de que hablaba Popper se encuentra a cuatro km de distancia, a tiro de fusil.

Para más análisis estratégicos sobre conflictos internacionales y equilibrio de poder global, ver la sección Orden Global y Geopolítica.

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