El Presupuesto queda atrapado entre optimismo técnico, presión corporativa y una factura que vuelve a pagar el contribuyente.
ODDONE Y LOS FUNDAMENTALISTAS
Cuando la fama es puro cuento
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
El ex CEO de CPA Ferrer vendía su sapiencia en manejar sistemas públicos hiper regulados a favor de grandes inversores.
Ya jubilado de esa lucrativa actividad, dio un paso hacia la política; una actividad que subsidia el retiro de los que sienten que llegó el momento de pasar al otro lado del mostrador.
Al asumir el cargo y manifestar públicamente estar “muy contento y emocionado” por liderar el MEF y por la sintonía técnica alcanzada con el presidente Orsi.
La dificultad estriba en descifrar la clave sintónica con los verdaderos dirigentes del MPP y el PCU, que se creyeron que habían ganado las elecciones y puesto al presidente
En el libro “El despegue” ya Oddone se muestra muy entusiasmado con el desafío de la gestión pública; y como buen pragmático, Oddone tiene recetas para todos, incluso si se trata de diseñar un Presupuesto Público para lo que él llama: “lo que votaron”,
Y “lo que votaron” la mayoría de los uruguayos de izquierda o asimilados fue a…Orsi.
No obstante, los que perdieron por 90 mil votos en la primera vuelta no abdican de su capacidad de movilización y “persuasión” para hacer lo que el Manual del buen marxista indica.
El optimismo técnico y la factura de la realidad
La trampa del voluntarismo: el error de cálculo de Oddone y el costo de gastar a cuenta
Las cuentas públicas, al igual que la economía de cualquier hogar uruguayo, no resisten la lógica de gastar a cuenta de ingresos que todavía no se tienen.
La actual parálisis económica que atraviesa el país encuentra su explicación más nítida en un diseño presupuestal histórico acumulado excesivamente optimista, ahora capitaneado por Oddone.
Al proyectar tasas de crecimiento elevadas y comprometer recursos en base a esa ilusión, el equipo económico metió al país en un callejón donde la matemática y la ideología chocan de frente.
El pecado original de este Presupuesto fue validar una vieja y peligrosa máxima de ciertos sectores de la coalición de izquierda: la idea de que se puede distribuir riqueza antes de haber asegurado su producción.
Oddone, intenta negociar como CEO contra un paredón de necios para los cuales si la realidad se opone a sus designios, peor para ella.
Conciliar las presiones de las bases oficialistas: legisladores, ministros y sindicalistas inconmovibles por conservar sus asientos, contra el rigor técnico, dibujaron un escenario de expansión de un gasto contra las naturales restricciones económicas que hoy exponen toda la majestad pura y duras de la realidad,
Si hubiera caletre en las cabecitas formateadas, no antepondrían lo político a lo económico; y entenderían que cuando se erró hay que rectificar y hacer correcciones a la baja en la víspera de la Rendición de Cuentas.
El problema es que esas partidas presupuestales ya están en plena ejecución; el dinero ya se adjudicó y las estructuras estatales ya empezaron a consumirlo.
Cuando el crecimiento real no acompaña el optimismo de los gobernantes, el déficit se dispara.
Y como la ley de la gravedad, exige conseguir recursos extra presupuestales, llamados endeudarse o devaluar el valor de la moneda nacional encareciendo los precios.
Esto baja artificialmente el costo en pesos de las partidas que irresponsablemente calculó mal Oddone.
Lo verdaderamente preocupante para el ciudadano de a pie, para el trabajador independiente y para las clases medias es que el margen de maniobra personal frente al avance del costo país carísimo desaparece.
Oddone cree que negocia con seres racionales; NO, son seres intelectualmente dotados para la militancia.
En lugar de reconocer el error y habilitar un reordenamiento racional del gasto ineficiente, el núcleo duro de la izquierda se atrinchera en el dogma.
Para ellos, el Presupuesto no es una ley que ellos mismos votaron; es una calle de un solo sentido: el gasto solo puede subir, nunca racionalizarse.
Al final del día, el optimismo técnico de un ministro termina siendo la coartada perfecta para un estatismo que prefiere endeudar el futuro de los uruguayos antes que revisar sus propios privilegios político-burocráticos.
El dúo “dinámico” Orsi-Oddone tiene que gobernar bajo palio del paro: la ideología bloquea la sensatez económica; y con ella la social.
La verdadera prueba de fuego para la madurez económica de un país no ocurre cuando los números son favorables, sino cuando toca corregir el rumbo frente a la escasez.
La próxima Rendición de Cuentas expone una paradoja dramática: el propio equipo económico que diseñó el Presupuesto se encuentra hoy de manos atadas, imposibilitado de ordenar las cuentas públicas porque el núcleo duro sindical y político le ha impuesto un derecho de veto a través de la movilización y el paro.
La lógica corporativa que presiona al gobierno opera bajo un axioma insostenible: si el proyecto presupuestal basado en un crecimiento ficticio fracasa, la culpa nunca es del exceso de gasto, sino de que «todavía no se ha gastado lo suficiente».
Cuando el ministro Oddone intenta reajustar las metas fiscales y buscar espacios de eficiencia dentro del propio Estado para no desbocar el endeudamiento, la respuesta automática de las bases y los sindicatos es la parálisis de los servicios esenciales y el conflicto social.
No le permiten ordenar las partidas que él mismo adjudicó en demasía.
Esta dinámica de confrontación encierra una profunda injusticia social que la izquierda moderada debe denunciar.
¿Quién paga el costo de los paros y de la rigidez de un Estado que se niega a ajustarse?
No son las grandes corporaciones ni los altos mandos de la burocracia.
Lo paga el uruguayo que pierde el día de trabajo porque no hay transporte, las familias que ven interrumpida la educación de sus hijos, y el microemprendedor que debe seguir pagando impuestos fijos en una economía frenada.
Gobernar bajo el chantaje del paro perpetuo anula cualquier posibilidad de desarrollo.
Si la política económica queda secuestrada por sectores que consideran que ordenar el gasto es una traición ideológica, Uruguay estará condenado a financiar su ineficiencia mediante más impuestos encubiertos en las tarifas públicas o mediante una deuda que pagarán las próximas generaciones.
Liberar al país de esta parálisis exige recuperar la sensatez: entender que el orden fiscal es la única garantía real de estabilidad para los que menos tienen, y que el sector privado necesita certezas, no un Estado rehén de sus corporaciones.
Hoy el “partido” real de Uruguay no se juega en Miami, sino en la Torre Ejecutiva; allí el deporte no se regula por el “fair play” sino por las condiciones de la dictadura ideológica, para quien desestabilizar su propio gobierno no es foul, es parte de batalla cultural por el poder.
Otra vez, ordeñar al que trabaja y paga impuestos está por encima del interés público.
Voluntarismo fiscal.
Presión sindical.
Costo ciudadano.
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