De peón de saladero a industrial y pionero del Tannat, su trayectoria muestra cómo la experimentación privada terminó dando al Uruguay una identidad productiva reconocida en el mundo.
PASCUAL HARRIAGUE: EL EMPRESARIO QUE CONVIRTIÓ UNA UVA EN IDENTIDAD NACIONAL
Llegó al Uruguay con diecinueve años, trabajó como peón de saladero y pasó por actividades tan diversas como una pulpería, una curtiembre, una fábrica de velas y jabones, el comercio de piedras semipreciosas y la industria saladeril.
Después comenzó a experimentar con vides.
Una de aquellas experiencias terminaría dando al Uruguay algo mucho más importante que un buen vino: una identidad reconocible en el mundo.
Por Santiago H. Pereira Testa
Cuando Pascual Harriague llegó a Montevideo en 1838 tenía diecinueve años.
Había nacido en Hasparren, en el País Vasco francés.
No llegó como un gran capitalista ni como representante de una compañía europea.
Trabajó como peón en un saladero del Cerro y después como dependiente de una pulpería en San José.
En 1840 se trasladó a Salto, donde comenzó una trayectoria empresarial extraordinariamente representativa del Uruguay que estaba construyéndose durante el siglo XIX.
Harriague no fue inicialmente un hombre del vino.
Tuvo una curtiembre, incorporó una grasería, fabricó jabones y velas, comerció ágatas y cuarzos y viajó a Alemania buscando mercados para aquellas piedras.
Más tarde volvió al ganado, creó junto con Juan Claviere un saladero y desarrolló La Caballada, donde trabajó con ganado mejorado.
Sus contemporáneos lo consideraban fundamentalmente un industrial.
Conviene detenerse en eso.
Tendemos a mirar al empresario exitoso desde el final y construir retrospectivamente una línea recta que nunca existió.
Harriague probó actividades, cambió, buscó mercados, acumuló capital, reinvirtió y también se equivocó.
Cuando comenzó a experimentar con la vid, los primeros resultados no fueron buenos.
Probó diferentes variedades durante años.
Mientras Francisco Vidiella hacía algo semejante en el sur del país, Harriague recorría en Salto un camino paralelo.
Terminarían compartiendo el reconocimiento oficial como fundadores de la vitivinicultura uruguaya.
Hacia fines de la década de 1860 comenzaron sus ensayos.
La solución apareció al otro lado del río Uruguay.
En Concordia se cultivaba con éxito una variedad procedente del sudoeste francés que había sido aclimatada en la región por inmigrantes vascos.
Se la conocía como “Lorda”.
Harriague llevó esas plantas a Salto alrededor de 1874.
Era la variedad que hoy conocemos como Tannat.
Dos años después obtuvo una cosecha satisfactoria y la apuesta comenzó a adquirir escala.
La plantación de La Caballada llegó a unas doscientas hectáreas y su establecimiento se convirtió en una de las grandes referencias de la vitivinicultura nacional.
Pero ocurrió algo todavía más significativo.
La gente comenzó a llamar “Harriague” a aquella uva.
Su nombre dejó de identificar solamente a una persona y pasó a identificar un producto.
Con el tiempo, ese producto terminaría identificando a un país.
En 1887 Harriague presentó públicamente su vino.
Poco después obtuvo reconocimientos internacionales en las exposiciones de Barcelona de 1888 y París de 1889.
Uruguay, que pocas décadas antes exportaba principalmente cueros, tasajo, grasa y lana, comenzaba a demostrar que también podía transformar experimentación, conocimiento y capital en productos de mayor elaboración.
El gobierno comprendió la importancia de aquel proceso.
El presidente Máximo Tajes otorgó a Pascual Harriague y Francisco Vidiella una medalla especial por la constancia con que habían contribuido a resolver un problema productivo considerado de interés nacional.
El episodio contiene una enseñanza particularmente pertinente para esta serie.
El Estado no había realizado los ensayos, arriesgado el capital ni sufrido los fracasos.
Pero supo reconocer que aquel esfuerzo privado estaba generando algo valioso para todo el país.
Más de ciento cincuenta años después podemos medir sus consecuencias.
El Tannat ocupa alrededor del 26,5 por ciento de la superficie vitícola uruguaya y Uruguay se ha convertido en su principal productor mundial.
Cada 14 de abril se celebra el Día del Tannat.
La fecha corresponde al nacimiento de Pascual Harriague.
La historia resulta difícil de imaginar si la observamos solamente desde el resultado.
Un inmigrante de diecinueve años trabaja como peón, atiende una pulpería, instala industrias, comercia piedras, busca mercados en Europa, cría ganado y finalmente planta vides.
Fracasa y vuelve a intentarlo.
Hasta encontrar una variedad que funciona.
Un siglo y medio después, aquella variedad aparece en restaurantes y tiendas de vinos de numerosos países asociada a una palabra: Uruguay.
Eso es también creación empresarial.
No consiste solamente en producir una fortuna.
Consiste, algunas veces, en descubrir una posibilidad que otros todavía no ven y transformarla en una actividad capaz de sobrevivir a quien la inició.
Pascual Harriague murió en París en 1894.
Su apellido permanece en calles y referencias históricas de Salto.
Pero su legado más importante no necesita monumento.
Se sirve en una copa.
Porque los empresarios que hicieron Uruguay no solamente construyeron empresas.
Algunos crearon cosas que terminaron pareciéndonos tan naturalmente uruguayas que olvidamos que alguna vez alguien tuvo que hacerlas posibles.
El Tannat es una de ellas.
Y detrás de esa copa estaba Pascual Harriague.
Experimentación empresarial
Persistencia e innovación
Identidad productiva nacional
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Qué lindo comentario. Muchas gracias. Me dejaste pensando especialmente en eso de que la naturaleza termina orientando la actividad humana y también en ese “más allá de Jodal”. Quizá la serie tenga que seguir, porque la historia nunca se detiene y ahora tenemos por delante el desafío enorme de la inteligencia y la IA. Un abrazo grande y gracias por leerme con tanto cariño.
Continuó saboreando la lectura de “De Lafone a Jodal” agradecida de que la escribas con esa respetuosidad documental, que lo haces. Mientras atraviesan por mi mente, miles de vivencias, conceptos, aprendizajes.
En uno de esos viajes que nos regala la vida me nace “el mundo es un gran mercado” e ir viendo cómo las características geográficas naturales, motivan ser pobladas y ahí se observa la geografía humana. “Las Americas” desde el 1400 y tantos, se transformó en tierra de oportunidades. Las características que describes en Pascual Harriague del 1838, encaja en el concepto de venir a hacer la América.
Me pregunto que sería de la Banda Oriental, tierra bendita, sin sus pasturas atractivas para aquel criollo Hernando Arias de Saavedra. O el descubrimiento de la importancia de esta tierra con forma de corazón para la entrada y salida al continente, la maravilla de sus puertos naturales.
Tenemos la gran valía, de no tener grandes tesoros en metales y si de seguir cuidando el agua. Quién sabe qué seguirá viniendo junto a Jodal, ese grande que visualizó oportunidades en las mentes orientales, ahora con el desafío de la IA. Podremos catapultarnos en calidad de vida o lapidarnos, según como integremos esa herramienta. Serán nuevos capítulos para integrar a tu historia, más allá de Jodal, más allá de Jodal entre saladeros y el mayor balneario de Uruguay, algo que él no imaginó.
Pero…la naturaleza es la naturaleza y más cerca que lejos, termina dirigiendo la actividad humana. Gracias por tu bellísimo trabajo.