Illustration representing government subsidies transferring wealth from productive workers to a political patronage system

Justicia social y subsidios: la crítica liberal al asistencialismo

Las advertencias de Hayek y Ayn Rand sobre cómo los subsidios masivos pueden transformar la democracia en un sistema de privilegios políticos.

– Subsidios y expansión del poder político
– Hayek y la democracia capturada por grupos de interés
– Ayn Rand y la “aristocracia del tirón”

LA “JUSTICIA SOCIAL” DISCRIMINACIÓN CON ALEVOSÍA

Todos los subsidios semejan generosidad pública con dinero del Estado, que se multiplican de diversas formas sin discriminar prioridades con alevosía, para que el sistema político encubra sus privilegios.
Esta acumulación obscena auto justificada en “compromisos con los más pobres” es en realidad su condena y la de toda la sociedad.
Como vemos hasta el hartazgo, luego de que estos subsidios agotan el presupuesto público, adoptan nuevas formas semióticas (fideicomisos, préstamos de organismos internacionales) que encubren la realidad.
El fondo de la cuestión es que ya se tocó fondo. No hay más recursos presupuestados, y no se animan a aumentar explícitamente impuestos, cuando han reconocido que superaron la capacidad contributiva, el sector privado exhibe depresión, y el empleo fuera de lo público, agobia a quienes trabajan para los esclavistas del poder.

Para Rand y Hayek, los subsidios eternos, genéricos, siempre insuficientes, no son «ayuda social», sino el combustible de una maquinaria de poder que consume el futuro para “comprar” el presente.

Friedrich Hayek advertiría que hemos pasado de una «democracia igualitaria limitada por la ley» a una «democracia de grupos de interés».
Para Hayek, el político moderno actúa como un corredor de bolsa de favores, colocando fondos ajenos para obtener una renta propia.
Utiliza los subsidios para satisfacer votantes adheridos al eterno asistencialismo, al cargo público mediocre, y a la indignidad de vivir de lo ajeno.
No buscan el bien común, sino la mayoría mínima necesaria para mantener sus privilegios, aunque la sociedad entera desbarranque.
En su libro Camino de Servidumbre, dedica un capítulo a la selección hacia abajo, «por qué los peores llegan arriba».
Argumenta que, en un sistema de subsidios masivos indiscriminados, el político con menos escrúpulos es el que más éxito tiene, pues está dispuesto a prometer confiscar recursos que no le pertenecen a cambio de obediencia.
Al multiplicar los subsidios, el sistema político pierde su función original (la justicia) y se convierte en una administración de privilegios.
La igualdad ante la ley pasa a ser un mito. La “justicia social” articula una desigualdad imprescindible: los de arriba muy cómodos, los del medio aportando, y los de abajo agradeciendo migajas.
Esto genera una inestabilidad sistémica continua; inflación de expectativas que solo puede sostenerse aumentando impuestos, imprimiendo dinero o emitiendo deuda como algo natural, lo cual es un impuesto invisible a cargo de hijos y nietos.
En las sociedades acostumbradas al estancamiento económico queda a la vista que cada vez cuesta más trepar la cuesta que antes superaron sus padres, en relación al esfuerzo de quienes los suceden.
El cambio evidente es el costo de vida, muchas veces camuflado en informalidad, subempleo, o frustración al esfuerzo.

Ayn Rand, aún más mordaz, acuñó el término «aristocracia del tirón» (Aristocracy of Pull) para describir una sociedad donde el éxito no depende del mérito, sino de, a quién conoces en el gobierno.
El Canibalismo Económico es el mecanismo que producen los subsidios para transferir riqueza de los «creadores» (quienes producen valor) a los «saqueadores» (el aparato político corporativizado) y los «vividores» (quienes aceptan el subsidio a cambio de su autonomía a cambio de su dignidad).
Estos demagogos desde el poder provocan la inversión de la moral: la necesidad se convierte en un derecho y la capacidad para trabajar en una carga siempre insuficiente.
El político encubre sus privilegios presentándose como un «servidor» que distribuye riqueza, cuando en realidad está destruyendo la base moral de la sociedad; la idea de que cada individuo debe sostenerse por su propio esfuerzo salvo los absolutamente impedidos.
El suicidio de la productividad se comete al subsidiar la ineficiencia con dinero robado al esfuerzo presente y a las generaciones futuras.
Lo único seguro de este sistema político es que garantiza que el futuro sea más pobre; el «saqueo del porvenir» para alimentar el ego y el poder de una casta presente.

Ambos autores concluyen que el término «justicia social» es el gran truco de magia del sistema político prebendario para destruir a la sociedad, y encubrir ese efecto sobre hijos y nietos.
La llamada “inversión pública” tiene ínsito un costo confiscatorio futuro, mucho más gravoso cuanto se aplican recursos de la gente a adoctrinamiento y docilidad.
Lo mismo cuando se multiplica democracia inutilizada, se pretende robar por el Estado es un hecho natural siempre consumado y sin retorno.
Así, obligan a competir con salarios políticamente subsidiados; asfixian impunemente al sector privado quitándole capital de inversión para crecer; obligándolo a pagar costos adicionales de endeudamiento, a la libre voluntad del Estado de abusar de su bolsillo.
No cuenta nada perjudicar la continuidad de las unidades productivas privadas y el empleo formal, que además de bancar al sistema político, soportan sus veleidades de poder.
La “justicia social” oficia como estímulo inverso al trabajo, al ahorro, al esfuerzo individual; en definitiva, conspira contra el poder adquisitivo y el supuesto crecimiento económico que prometen y nunca se cumple.

El colapso de la responsabilidad del gestor público:
Para Rand, es una tragedia moral; para Hayek, es un error de cálculo fatal.
El político no está protegiendo a la sociedad, está protegiendo su sillón a costa de la viabilidad de la civilización misma.
Al multiplicar los subsidios, promover ingresos económicos prostituidos por intencionalidad política, están transformando a los ciudadanos en clientes y a los hijos y nietos en siervos de una sociedad decadente.

Este análisis forma parte del eje temático de Economía y Empresa, dedicado al estudio de las ideas económicas y las estructuras institucionales que influyen en la libertad y el desarrollo de las sociedades.

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