El gasto tributario, la presión fiscal creciente y el nuevo enfoque sobre el rol del Estado en América Latina.
– El desborde del gasto público y la presión tributaria
– El impacto real de las renuncias fiscales en la región
– El giro hacia modelos de ajuste político en lugar de fiscal
La sociedad es una organización de individuos que pretenden, naturalmente, pagar la menor cantidad de impuestos y recibir del Estado los mejores servicios posibles al menor costo.
Asistimos al segundo cuarto del siglo XXI a Estados (sistemas políticos) desquiciados en el gasto, que pretenden enderezar la “curva de Laffer”: aumentar la carga tributaria sin que crezca la evasión, y elegir a quienes exoneran para que haya más inversión y empleo, encubriendo su gasto insoportable.
Como hemos visto reiteradamente el abuso del gasto público por diversas vías, sea directamente por crecimiento de impuestos, que pretenden camuflar como autopercibiendo que se fijan una “regla fiscal”, o endeudándose, para financiar presupuestos desordenados y arbitrarios.
El desorden de base del gasto desquiciado, provoca siempre una presión insoportable sobre quienes tienen derecho a disfrutar del esfuerzo de su trabajo, creatividad, emprendedurismo, y mérito.
No les conviene revisar el gasto público que miden en relación a la producción total de las actividades económicas, incluyendo a la privada de dónde extraen sus mayores ingresos.
Los impuestos han convertido en un abuso la exacción tributaria creciente.
Si siempre fue exagerada la relación de la carga tributaria personal o empresarial contra el gasto público, pero, la tecnología está exhibiendo ahora que el sistema demagógico se está cayendo como un piano desde el piso 26.
No es posible seguir agregando costos políticos, subsidios indiscriminados, sosteniendo actividades públicas “gratuitas”, ineficaces, arbitrarias, o directamente corruptas, por desaprensión, ignorancia o conveniencia electoral.
Es un tiempo en que la libertad de emprender y trabajar, encuentra formas de esquivarlos incorporando tecnología en tiempo quántico.
El sistema de renuncias fiscales o eufemísticamente “gasto tributario”, o sea darle privilegios a algunos a costa de otros que siguen soportando al Estado, a compensar con un eventual crecimiento de la recaudación pública hiper multiplicada, no estaría dando resultado.
Afecta cada vez más al contribuyente y al consumidor por deterioro en su capacidad productiva y adquisitiva.
Renuncia fiscal o Gasto Tributario en la región
En América Latina este instrumento es ampliamente usado, aunque varía mucho dependiendo del país.
La relación entre gastos (exoneraciones) e ingresos tributarios es particularmente alta en países con una baja recaudación de impuestos, independientemente del nivel de gastos tributarios.
En un informe de la OCDE, se señala que en República Dominicana fueron equivalentes al 30% de los ingresos del gobierno general, mientras que en Brasil representaron el 13% del total, a pesar de tener un nivel similar de renuncia fiscal como porcentaje del PIB.
En Uruguay está en un 22%, o sea en medio de la tabla.
Argentina es quien tiene el porcentaje más bajo, tan solo 9% y Chile 10%.
Otro aspecto es el referente a esta renuncia de probable recaudación desde el punto de vista social, por ejemplo, con rebajas de IVA a productos de primera necesidad.
En Uruguay se alcanza al 0,3% del PIB en alimentos y 0,8% en salud.
Esta última es la tasa más alta de América Latina y es debido al Sistema Integrado de Salud.
Las exenciones tributarias para los servicios de salud prestados por las instituciones nacionales de salud pública o los sistemas de seguridad social son la principal forma de gasto tributario relacionado con la salud en Uruguay.
Por otra parte, en el país el crédito fiscal por inversiones en activos fijos, entre otros que se utilicen en la industria manufacturera o la agricultura, también tiene una importante pérdida de recaudación fiscal.
Esta nueva época la sociedad mundial enfrenta al Estado con su peor cara al ciudadano que trabaja y dispone de sus ingresos.
En el día de ayer el presidente argentino Javier Milei realizó su presentación del estado de la Nación ante el Congreso.
El diagnóstico de la herencia
Milei describió la situación inicial como un «estado fallido» y un «descalabro fiscal» heredado del gobierno anterior.
Afirmó que recibió un déficit fiscal de 5 puntos del PBI y una emisión monetaria descontrolada que generaba una inflación creciente anualizada del orden del 17.000%, la cual calificó como un «impuesto encubierto» que golpeaba a los más pobres.
Ajuste a la política, no a los contribuyentes
El planteo central fue que, a diferencia de los gobiernos «populistas», su gestión logró eliminar el déficit fiscal de una «sola tajada» mediante el recorte del gasto público (reducción del 30% del gasto primario) y no subiendo impuestos.
Sostuvo que el ajuste debía hacerlo «la política» y no el sector privado, bajo la premisa moral de que «los impuestos son un robo».
Reducciones impositivas ejecutadas
Detalló que, tras estabilizar las cuentas, se procedió a bajar impuestos por el equivalente a 2,5 puntos del PBI.
Entre las medidas mencionadas figuran:
La eliminación del Impuesto PAÍS.
La quita de retenciones a economías regionales y cadenas productivas.
La reducción de aranceles a la importación de insumos industriales, fertilizantes, herbicidas y bienes de consumo (electrodomésticos, neumáticos, motos, etc.).
La baja de impuestos internos a autos, seguros y productos electrónicos.
La Ley de Inocencia Fiscal
Un punto clave de su discurso fue la sanción de la Ley de Inocencia Fiscal.
Planteó que, en el modelo anterior, el pagador de impuestos era considerado «culpable hasta que se demuestre lo contrario».
Con esta reforma, buscó revertir lo que llamó una «atrocidad» para que el ciudadano recupere su presunción de inocencia frente al fisco.
Visión a futuro
Finalmente, Milei planteó que el sistema tributario debe servir al crecimiento económico y no al «recaudador de turno».
Aseguró que continuará con el sendero de baja de retenciones y otros impuestos de forma responsable, siempre que el superávit fiscal lo permita, con el objetivo de convertir a Argentina en el país más atractivo de la región para invertir.
Conclusión:
La nueva visión del Estado apunta a estar al servicio de la inversión, el emprendedurismo, y el crecimiento económico individual, para que haya inversión social en capital humano.
No hay margen en este cambio de época para sostener gobiernos que tienen a su servicio a la gente que los votó.
No hay margen para prebendas arbitrarias que cargan sobre quienes pagan gravosos impuestos.
No hay margen para sostener un Estado obsceno al servicio de la casta privilegiada que lo integra.
Este análisis forma parte del eje temático de Economía y Empresa, dedicado al estudio estratégico de las transformaciones del orden económico contemporáneo.
