La innovación descentralizada redefine el poder, la economía y la dependencia política
– Tecnología y poder
– Dependencia política
– Economía descentralizada
– Cambio de paradigma
EL ÉXITO DE LA REVOLUCIÓN CREATIVA
El liberalismo multiplica la oferta, baja los precios, hace accesible consumir con menos esfuerzo
Por el Dr. Nelson Jorge Mosco Castellano
El Fin del Monopolio del «Relato Solidario»
Durante décadas, la izquierda ha ostentado un veto moral sobre la compasión, utilizando a los pobres como un activo político permanente.
En todos casos el poder resultó corrupto, la Justica tardó, no fue igualitaria. El mismo poder arbitrario consiguió escabullirse.
La corrupción no se dio únicamente por abusar del dinero desde el Estado, sino en prometer lo imposible, destruir lo auténtico, evitar el desarrollo, prohijar la multiplicación de la pobreza.
Sin embargo, la revolución agéntica y la descentralización digital están rompiendo este monopolio.
Cuando el individuo puede acceder a herramientas de progreso sin pasar por la ventanilla del Estado, el argumento colectivista de la «justicia social» pierde su combustible: la dependencia.
El liberalismo tecnológico desenmascara al administrador de la escasez.
Mientras el estatismo necesita que el ciudadano sea una víctima pasiva para justificar su tutela, el liberalismo lo ve como un agente potencial de creación.
La transparencia del blockchain y la eficiencia de la automatización permiten que la ayuda llegue de forma directa, eliminando la intermediación de estructuras que viven de gestionar y multiplicar la pobreza.
La batalla hoy es contra el «neoludismo político», que intenta frenar el progreso para mantener cautivo a su público objetivo bajo la excusa de la protección social.
Algunas realidades exponen el costo descendente por la inversión en tecnología que pone a disposición de todos bienes que el costo político hacía impagables.
El mundo se encamina hacia una transformación profunda que promete redefinir el trabajo, la economía y la vida cotidiana tal como la conocemos.
La IA, la datificación, la impresión avanzada y el Internet de las Cosas, no solo impulsa innovaciones sorprendentes, sino que también anticipa un escenario de poner el consumo al alcance cada vez de más gente.
Seguramente cambiará la formación y el empleo, pero, se abren nuevas posibilidades a la creatividad humana y al disfrute del tiempo.
Estamos asistiendo a una creciente automatización de decisiones que antes eran exclusivamente políticas y burocráticas.
A medida que los objetos se vuelven inteligentes, recolectan datos y actúan por cuenta propia; emerge un nuevo paradigma donde la eficiencia convive con la vigilancia individual.
En dos años veremos la transformación del trabajo más grande de la historia, más allá de lo que ocurra con la guerra, el petróleo, el dólar, la inflación y demás variables económicas.
La revolución tecnológica se acelera diariamente; la IA es solo la punta del iceberg de una transformación radical que va a cambiar nuestra vida antes de los próximos tres años.
La cuarta revolución industrial tiene varios componentes:
Datificación e impresión avanzada.
La datificación: actual convierte los objetos en datos y, con ellos imprime nuevos objetos.
Se están levantando viviendas en menos de 48 horas, sin trabajadores, usando impresoras 3D de hormigón.
Se ha pasado de imprimir prótesis de titanio; a generar tejido vivo.
Utilizando biotintas –sustancias compuestas por células vivas y materiales que imitan el entorno corporal– ya se fabrican parches de piel y cartílagos.
El uso de materiales inteligentes permite la impresión 4D con la que, al salir de la impresora, los objetos no permanecen inalterables, están programados para alterar sus propiedades físicas (forma, color, rigidez o viscosidad) de manera controlada, ante estímulos programados.
En Holanda, la planta Redefine Meat imprime mensualmente 500 toneladas de filetes.
Actualmente abastece a más de 110 restaurantes con cientos de kilos de productos cárnicos sin ingredientes de origen animal.
Se estima que este mercado alcanzará los 11 mil millones de dólares para 2030.
Una hamburguesa hecha con esa carne no se distingue de la natural.
El Internet de las Cosas (IoT) ingresa en nuestras vidas fácilmente porque es tan invasivo como invisible.
Cada segundo se acumulan trillones de datos con la ayuda de todos nosotros, cuando utilizamos una aplicación que recoge nuestros datos, cuando usamos el GPS o la inteligencia artificial.
Pronto tendremos refrigeradores inteligentes que se comunicarán directamente con el proveedor para comprar comida; de acuerdo al peso que recoja nuestra balanza evitará productos que promuevan la obesidad; con la empresa eléctrica se ajustará para ahorrar energía, y contactará a su fabricante si necesita una reparación.
No hay barreras que frenen al IoT. Crece usando microcontroladores de apenas unos milímetros que cuestan centavos y consumen poquísima electricidad.
Si el internet conectó a las personas, el IoT conectará todo.
Estamos en tránsito de usar una red de computadoras a vivir en una red de objetos inteligentes que se comunican entre sí sin nuestra participación.
El IoT será un entorno en el que estaremos sumergidos y manejará nuestras vidas.
Los objetos tendrán “conciencia” de su situación y de nuestras necesidades, y actuarán por cuenta propia.
Por el GPS, sabrán que estamos llegando a casa, ajustarán la luz y la temperatura, y podrán encender el horno si detectan que compramos una pizza congelada.
Los semáforos cambiarán de acuerdo al tráfico real detectado por sensores; y los contenedores de basura avisarán al camión cuando estén llenos, optimizando rutas y reduciendo la contaminación.
Los biosensores en la ropa o parches microscópicos vigilarán la glucosa, el ritmo cardíaco y el estrés en tiempo real.
Si el inodoro detecta alguna anomalía, enviará una alerta automática al sistema médico antes de que el usuario sienta el primer síntoma de una enfermedad.
La aspiradora inteligente funcionará como un agente cartográfico mapeando una casa para no chocar. Registrará el tamaño de las habitaciones, la disposición de los muebles y las necesidades de espacio. Saben si hay un bebé por la presencia de una cuna; el nivel socioeconómico de la familia por los metros cuadrados; si necesita muebles nuevos. Conectará los mapas a empresas de mobiliario o domótica.
El televisor inteligente observa actualmente al televidente a través del ACR (Automatic Content Recognition). Captura “huellas digitales” de cada píxel en la pantalla.
Sabe qué anuncios ignoramos, qué escenas repetimos, nuestras inclinaciones políticas según los programas que vemos. Esta información se puede vender a agencias de publicidad para sincronizar anuncios en el móvil con lo que proyecta la televisión.
Termostatos y lámparas inteligentes registran los horarios, en qué habitación pasamos más tiempo, e incluso el ritmo respiratorio, o discusiones domésticas por el tono de voz.
Las aseguradoras de salud o de hogar codician estos datos. Si el “excedente” muestra que eres sedentario o que tu casa permanece vacía, tu prima de seguro podría aumentar.
La infraestructura física desactiva la burocracia al automatizarla haciéndola innecesaria; los objetos son sensores que extraen datos de la experiencia humana para monetarizarlos, optimizar su costo, haciendo todo accesible.
A diferencia de la planificación de los “líderes supremos” de revoluciones que mintieron sacar de la pobreza, la tecnología creativa lo consigue sin esclavizarlo.
Lo demás, también lo hará el ser humano libre. Las únicas diferencias volverán a ser: los talentos y las virtudes.
Veremos: el sentido del humanismo en la era maquinal.
